Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el domingo, 7 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Tal y como si hubiera hecho una gracia, Felipe de Jesús Delgadillo Padilla habla de su experiencia en el Centro de Readaptación Social, lugar que dice haber “conocido” en la televisión o en el cine, pero que nunca imaginó que viviría en carne propia.
Lo envuelve un humor un tanto desenfadado y se dice acostumbrado a vivir en esa pequeña ciudad, en donde puede trabajar, ir a la iglesia, hacer deporte, participar en concursos, ir a la escuela y hasta asistir a eventos musicales o deportivos que se presentan eventualmente en ese lugar.
Algunos días en el área de indiciados fueron la terapia para asentir que permanecería encerrado durante 11 años y medio, pena que esperaba por saberse experto en la sustracción de objetos ajenos al interior de vehículos y viviendas, además de asaltos con lujo de violencia.
“Me agarraron por un robo cualquiera, cuando me andaba llevando unas herramientas de un taller, pero de ahí me cayeron en otros robos por un buen de denuncias que ya tenía, según”, es la descripción del hombre que dedicaba su tiempo a despojar de sus pertenencias a los demás, sin que por ello le causara remordimiento alguno.
Lo comenta de la manera más natural, de la misma forma en que le parece su estancia en el centro penitenciario, “cada quien trata de hacer lo que puede para llevarla aquí. Si te pones a trabajar se te pasa el tiempo muy rápido, y ya nomás esperas cuando venga la visita para distraerte un poco, o te pones a dar la vuelta a las canchas o al patio”.
Aunque no goza de las libertades que quisiera, para Felipe no le ha sido difícil su sentencia, pues dice estar luchando para conseguir su libertad anticipada, “Me pusieron una fianza de 16 mil pesos y ya tengo la mitad. Ahora nomás queda seguirle dando para juntarlo”.
Si hoy pudiera pisar el exterior, correría a buscar a sus hijos, “ya me había casado y tenía 3 hijos, pero tuvimos problemas y mi vieja me dejó solo. Se llevó a los niños y todo”, comenta el joven de 25 años sobre los hechos ocurridos años antes de su incorporación al Cereso varonil.
No obstante, al verse rodeado por grandes paredes protegidas por alambre de púas, no le queda otra más que alejar de sus mente las ilusiones: “Si no te pones a jalar aquí adentro pues sí te agüitas, pero no queda de otra, más que echarle ganas, el tiempo que te vaya a tocar estar en la jaula”.
Y es que a pesar de su “currículum” delictivo, Felipe dice haber empezado a trabajar desde chico, cuando acompañaba a su padre en las labores de albañilería.
“Nomás hic Minutos antes de las seis de la tarde es el último pase de lista, y para esa hora, todos deben estar en su celda. Según Felipe, durante el día es mejor convivir con muchas personas diferentes y mantener cierta distancia con sus compañeros de celda, pues se pueden generar fricciones al estar todo el día con las mismas personas.
Mete su mano en el bolsillo y se da cuenta de que le falta dinero. En la producción de muebles de madera, Felipe gana de 30 a 40 pesos diarios, mismos que no se encuentran completos por su jornada de ayer. “O me pongo a trabajar o me quedo sin lana”, es su manera de despedirse.
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