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Coahuila

Caso Lozoya: redes de corrupción

Por Lulú De Koster.

Hace 6 años

Emilio Lozoya Austin, exdirector de Pemex durante el sexenio de Enrique Peña Nieto fue capturado en Málaga, España, casi 10 meses después de investigaciones y labores de cooperación entre el Gobierno mexicano y de países europeos. Nombres, datos, montos de supuestos sobornos y operación de empresas simuladas han sido parte de la relatoría de un hecho que evidencia un ejemplo de redes de corrupción y su desmantelamiento en un escenario mediático.

El caso Lozoya –como le llaman los expertos– involucra no solo a las autoridades que siguen las investigaciones, sino que obliga a la reflexión ciudadana y de quienes impulsan o buscan prevenir a través de políticas anticorrupción hechos de este tipo en el país y desde una visión colaborativa y de sistema.

Algunos investigadores y quienes se han dedicado al análisis de la corrupción en México que va más allá de colores, género o administraciones federales o estatales, aseguran que este caso, el del exdirector de Petróleos Mexicanos, debería proyectarse y procesarse como una red de corrupción, con aristas y participantes diversos, con nodos que interactuaron entre sí y con un mismo objetivo en el que supuestamente sobresalen el enriquecimiento ilícito, el desvío de recursos y el pago de sobornos, de acuerdo con lo que los medios de comunicación han dado a conocer en las últimas semanas.

Jesús Espinal Enríquez, investigador del Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen) e investigador del Observatorio de la Corrupción e Impunidad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), menciona que la corrupción es como un cáncer y lo compara con la enfermedad, pues él trabaja en dar a conocer mecanismos de aparición del cáncer. Lo hace analizando cómo la activación o la inactivación de los genes puede influenciar el desarrollo de este mal.

Pero Jesús Espinal considera que las cosas no pueden verse de manera tan drástica y aislada. Hay que recordar que la corrupción en nodos es un sistema complejo y la solidez de una red es más importante que las acciones de uno solo de sus individuos, como ocurrió aparentemente con el caso Lozoya, donde no fue una sola persona interviniendo desde el servicio público o quizá aprovechando la posición o acceso a información privilegiada para operar desde esa supuesta red.

Cada persona tiene libre albedrío o decide lo que mejor le conviene en su trabajo, familia, o cuando debe anteponer sus intereses personales a los del colectivo. La capacidad de decisión es abierta. Aunque como dice el doctor Espinal, es igual como ocurre con la enfermedad o un cáncer, “si tú tienes células malas y alrededor tienes unas cuantas células que están sanas, lo más seguro es que la célula enferma tenga un efecto nocivo y letal en el cuerpo”.

Para el investigador del Observatorio de la Corrupción de la UNAM, lo ideal es generar pedagogía y socializar los casos de corrupción que son expuestos por medios de comunicación, como el caso Lozoya, en una visión de red, donde no es una sola persona la que actúa, sino que involucra a varios, o un grupo que colaboró en consumar un posible hecho de esta naturaleza.

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