Arte

Publicado el lunes, 6 de junio del 2022 a las 04:05
Ciudad de México.- Más que escalar socialmente, los mexicanos deberían aspirar primero a la comprensión del País que habitan y entender su esencia, considera la escritora y periodista Guadalupe Loaeza, cuya obra ha expuesto las contradicciones de la “alta burguesía”.
La “alta burguesía” es “ridícula, cursi y mediocre”, dice en entrevista la narradora que hace 40 años comenzó una carrera que la ha llevado a publicar más de un libro por año, además de sus artículos periodísticos interrumpidos solo por la enfermedad.
Loaeza responde vía telefónica desde el hospital en el que permanece internada por un padecimiento hepático. A ratos su voz se adelgaza, luego recupera el brío, como cuando habla de desmitificar a los adinerados para que la gente no aspire a ser como ellos.
“ Ellos no quieren cultura: quieren dinero; mi papá decía que son parásitos de la sociedad. No entienden a Octavio Paz o a Carlos Fuentes, aunque digan: ‘ay, °es lo máximo!’, como lo dirían de cualquier intelectual”.
Admite que el pesimismo se instala de repente en ella, atizado por las circunstancias de México y del mundo, la crisis ambiental, la guerra, la voracidad del capitalismo, los feminicidios
“México: øcuándo va a salir adelante? quién sabe, o quizá estoy así porque estoy enferma”, suspira al señalar que al País no solo se le maltrata desde el poder, sino desde las acciones de ciudadanos que transan, lastiman y buscan a toda costa obtener ventaja.
Pero se reanima cuando refiere mexicanos preocupados por el País, como las escritoras Elena Poniatowska y Margo Glantz o los escritores Juan Villoro y Jesús Silva-Herzog Márquez.
Loaeza, que intentó, sin lograrlo, adscribirse al budismo, encuentra asidero espiritual en el amor al prójimo, dice al recordar que fue educada en una escuela de monjas.
“ Lo que me mantiene muy feliz es poderle escribir a mis lectores, poderme expresar, decirles, contarles”.
En este proceso les ha mantenido informados, a través de sus columnas, del sorpresivo diagnóstico de tumoraciones en su hígado, del vaivén de médicos y enfermeras, de su estancia hospitalaria, y ella recibe cartas y más cartas de lectores que llegan al nosocomio y la arropan.
Por estos días relee a clásicos como Madame Bovary, de Gustav Flaubert, un autor que también criticó a la “burguesía aspiracional”.
Y escribir la revitaliza, añade con alborozo Loaeza, quien tras siete años de investigación prepara un libro “atrevido”, situado en los años 50, que abordará el adulterio, anticipa.
“ La escritura me hace feliz. La creatividad cura, y mis nietos, por supuesto”.
Al preguntársele si sigue siendo esa mujer que entró en 1982 a las oficinas de Unomásuno para solicitar espacio, Loaeza dice con ironía que “la misma, si no es que peor”, con esa respuesta es necesario cuestionarle si es que la audacia es su signo, a lo que responde que “sí, porque creo en la audacia. Decía uno de los mariscales de Napoleón que en la vida se necesitan tres cosas: audacia, audacia y audacia”.
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