Arte

Publicado el sábado, 3 de junio del 2023 a las 13:46
Ciudad de México.- Gioconda Belli ha sido reconocida este año con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Con esta distinción, confirma su trayectoria poética en una Nicaragua que se distingue, precisamente, por sus poetas.
Desde el emblemático Rubén Darío, pero también bajo la sombra de Salomón de la Selva, José Coronel Urtecho, Joaquín Pasos, Pablo Antonio Cuadra, Ernesto Mejía Sánchez, Claribel Alegría, Carlos Martínez Rivas, y claro, Ernesto Cardenal, que también recibiera este premio en el 2012.
Es importante puntualizar, que la poesía de Gioconda Belli, más allá de sus preocupaciones personales, igual se une a la sensible tradición de escribir sus versos para cantarle amorosamente a su país. La misma poeta lo manifestó así en las redes sociales:
“Celebro que enriquezca la tradición poética de Nicaragua. Se lo dedico a mi Nicaragua, madre de mi inspiración, doliente país de mi esperanza.”
En la página oficial del Premio Reina Sofía, la ficha bibliográfica concluye dando cuenta del desafortunado exilio que sufre hoy la escritora y su pérdida (junto a otros colegas) de la nacionalidad nicaragüense.
Este punto, que no deja de ser noticia, tendrá más relevancia si atendemos el trasfondo poético, donde Gioconda Belli deja evidencia de su lucha por un tipo de gobierno, que finalmente se quedó corto, o peor aún, le daría la espalda. Transcribo:
Ama a tu prójimo como a ti mismo.
En mi país
el que ama a su prójimo
se juega la vida.
Versos conmovedores, sin duda, pero más sorprendente aún, que estas líneas tan vigentes hoy en día en la vida de la poeta, fueron escritas no contra la dictadura actual, sino contra la dictadura de la dinastía de Antonio Somoza.
Aparecen en su libro “Línea de fuego”, que le acreditó el Premio Casa de las Américas 1978, una distinción de la cultura cubana a las letras de Hispanoamérica.
Para unirme al homenaje y reconocimiento que se hace ahora de Gioconda Belli, regresé a este su libro que la lanzó literalmente a la línea de fuego de su condición política, pero también poética. Una poesía que oscila entre el discurso sublime en textos de aliento largo (“Amo a los hombres y les canto”) como acercamientos a la ternura de la joven enamorada (“Como tinaja”).
Transcribo estos dos poemas.
Como tinaja
En los días buenos,
de lluvia,
los días en que nos quisimos
totalmente,
en que nos fuimos abriendo
el uno al otro
como cuevas secretas;
en esos días, amor
mi cuerpo como tinaja
recogió toda el agua tierna
que derramaste sobre mí
y ahora,
en estos días secos
en que tu ausencia duele
y agrieta la piel,
el agua sale de mis ojos
llena de tu recuerdo
a refrescar la aridez de mi cuerpo
tan vacío y tan lleno de vos.
Amo a los hombres y les canto…
Amo a los hombres
y les canto.
Amo a los jóvenes
desafiantes jinetes del aire,
pobladores de pasillos en las Universidades,
rebeldes, inconformes, planeadores de mundos diferentes.
Amo a los obreros,
esos sudorosos gigantes morenos
que salen de madrugada a construir ciudades.
Amo a los carpinteros
que reconocen a la madera como a su mujer
y saben hacerla a su modo.
Amo a los campesinos
que no tienen más tractor que su brazo
que rompen el vientre de la tierra y la poseen.
Amo, compasiva y tristemente, a los complicados
hombres de negocios
que han convertido su hombría en una sanguinaria
máquina de sumar
y han dejado los pensamientos más profundos, los
sentimientos más nobles
por cálculos y métodos de explotación.
Amo a los poetas -bellos ángeles lanzallamas-
que inventan nuevos mundos desde la palabra
y que dan a la risa y al vino su justa y proverbial importancia.
que conocen la trascendencia de una conversación
tranquila bajo los árboles,
a esos poetas vitales que sufren las lágrimas y van
y dejan todo y mueren
para que nazcan hombres con la frente alta.
Amo a los pintores -hombres colores-
que guardan su hermosura para nuestros ojos
y a los que pintan el horror y el hambre
para que no se nos olvide.
Amo a los solitarios pensadores
los que existen más allá del amor y de la comprensión sencilla
los que se hunden en titánicas averiguaciones
y se atormentan día y noche ante lo absurdo de las respuestas.
A todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana,
con un amor que es más grande que yo toda,
que me supera y me envuelve como un océano
donde todo el misterio se resuelve en espuma…
Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.
A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,
a la que se levanta de noche a ver a su hijo que llora,
a la que llora por un niño que se ha dormido para siempre,
a la que lucha enardecida en las montañas,
a la que trabaja -mal pagada- en la ciudad,
a la que gorda y contenta canta cuando echa tortillas
en la pancita caliente del comal,
a la que camina con el peso de un ser en su vientre
enorme y fecundo.
A todas las amo y me felicito por ser de su especie.
Me felicito por estar con hombres y mujeres
aquí bajo este cielo, sobre esta tierra tropical y fértil,
ondulante y cubierta de hierba.
Me felicito por ser y por haber nacido,
por mis pulmones que me llevan y me traen el aire,
porque cuando respiro siento que el mundo todo entra en mí
y sale con algo mío,
por estos poemas que escribo y lanzo al viento
para alegría de los pájaros,
por todo lo que soy y rompe el aire a mi paso,
por las flores que se mecen en los caminos
y los pensamientos que, desenfrenados, alborotan en las cabezas,
por los llantos y las rebeliones.
Me felicito porque soy parte de una nueva época
porque he comprendido la importancia que tiene mi existencia,
la importancia que tiene tu existencia, la de todos,
la vitalidad de mi mano unida a otras manos,
de mi canto unido a otros cantos.
Porque he comprendido mi misión de ser creador,
de alfarera de mi tiempo que es el tiempo nuestro,
quiero irme a la calle y a los campos,
a las mansiones y a las chozas
a sacudir a los tibios y haraganes,
a los que reniegan de la vida y de los malos negocios,
a los que dejan de ver el sol para cuadrar balances,
a los incrédulos, a los desamparados, a los que han
perdido la esperanza,
a los que ríen y cantan y hablan con optimismo;
quiero traerlos a todos hacia la madrugada,
traerlos a ver la vida que pasa
con una hermosura dolorosa y desafiante,
la vida que nos espera detrás de cada atardecer
-último testimonio de un día que se va para siempre,
que sale del tiempo y que nunca volverá a repetirse-.
Quiero atraer a todos hacia el abrazo de una alegría que comienza,
de un Universo que espera que rompamos sus puertas
con la energía de nuestra marcha incontenible.
Quiero llevaros a recorrer los caminos
por donde avanza -inexorable- la Historia.
Porque los amo quiero llevarlos de frente a la nueva mañana,
mañana lavada de pesar que habremos construido todos.
Vámonos y que nadie se quede a la zaga,
que nadie perezoso, amedrentado, tibio, habite la faz de la tierra
para que este amor tenga la fuerza de los terremotos,
de los maremotos,
de los ciclones, de los huracanes
y todo lo que nos aprisione vuele convertido en desecho
mientras hombres y mujeres nuevos
van naciendo erguidos
luminosos
como volcanes…
Vámonos
Vámonos
Vámonoooos!!!
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