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Coahuila

Cerebro del bebé humano de los 6 a los 12 meses

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 1 mes

I. El Gateo: Cartografía y Mapeo Neuronal: A menudo pensamos en el movimiento del bebé como una simple progresión física, pero para el desarrollo humano, el gateo representa una auténtica revolución cognitiva y sensorial.

Cuando el bebé comienza a desplazarse por sí mismo, sus neuronas espejo y su corteza motora trabajan al unísono para entender las tres dimensiones del mundo.

En este periodo, el cerebro es el órgano más hambriento, consumiendo más del 60% de la energía total ingerida por el organismo. La alimentación es la materia prima esencial con la que se fabrican las conexiones neuronales definitivas.

El nutriente más crítico en este periodo es el DHA (ácido docosahexaenoico), un ácido graso omega-3 de cadena larga cuya función es estructural: es el componente principal de las membranas de las neuronas y de la mielina.

La mielina es la capa protectora que recubre los axones; pensemos en una neurona como un cable eléctrico donde, sin aislamiento, la electricidad se dispersa y viaja con lentitud.

Un cerebro bien nutrido con DHA mieliniza sus circuitos con mayor rapidez, lo que se traduce en una velocidad de procesamiento mental superior, una mejor agudeza visual y una capacidad de resolución de problemas temprana.

El gateo no sólo fortalece los músculos, sino que mapea nuevas áreas del cerebro al coordinar brazos y piernas de forma alterna, obligando a sus dos hemisferios a comunicarse a través del cuerpo calloso.

Esta integración es fundamental para el desarrollo futuro del pensamiento lógico y la coordinación motriz fina. Aquí, la colina juega un papel estelar, siendo esencial para la formación del hipocampo, el centro de la memoria.

Durante este semestre, la colina facilita la síntesis de acetilcolina, un neurotransmisor clave para la atención y el control muscular. Asegurar este nutriente permite que el “disco duro” del bebé se formatee correctamente para almacenar sus primeros aprendizajes básicos sobre el espacio y los objetos.

 

II. La Nutrición como Cimiento Estructural: La transición a la alimentación complementaria marca un hito en el metabolismo neuronal. El hierro es el vehículo del oxígeno; sin niveles adecuados en esta etapa de alta demanda por el movimiento, las neuronas sufren de una hipoxia silenciosa que ralentiza la sinaptogénesis, el proceso de creación de nuevas conexiones.

Por su parte, el yodo es fundamental para la síntesis de hormonas tiroideas que regulan la migración de las neuronas a sus lugares definitivos en la corteza cerebral.

Una deficiencia en estos minerales puede mermar el potencial intelectual de forma irreversible en estos días cruciales para el alma y la mente. Por ello, la ingesta de alimentos ricos en estos nutrientes no es sólo para el crecimiento físico, sino para asegurar que la arquitectura cerebral soporte el peso de la nueva curiosidad y la autonomía del infante.

 

III. La Música como el Arquitecto de los Ritmos del Pensamiento: Si la nutrición provee el hardware o estructura física, la música es el software que organiza el procesamiento de la información.

En este segundo semestre, el bebé pasa de ser un oyente pasivo a un explorador sonoro activo. La música organiza el cerebro para el lenguaje. El habla humana es, en esencia, una serie de ritmos y entonaciones.

Cuando un bebé es expuesto a la música, su cerebro aprende a predecir cuándo vendrá el siguiente pulso. Esta capacidad de predicción temporal es el fundamento de todas las funciones ejecutivas del ser humano.

Un cerebro que puede predecir ritmos musicales es un cerebro que podrá predecir estructuras gramaticales, facilitando una adquisición del lenguaje más fluida y una capacidad lógica aguda.

Además de la lógica, la música tiene la capacidad única de activar el sistema límbico de manera armoniosa. Al escuchar o “producir” sonidos rítmicos al golpear objetos, el cerebro del bebé reduce la segregación de cortisol y aumenta la producción de endorfinas y oxitocina.

Este estado de paz química no sólo hace feliz al bebé; crea el entorno ideal para la plasticidad cerebral. Las neuronas se conectan mucho mejor cuando el organismo no está en modo de supervivencia o estrés. La música actúa como un regulador que permite que la energía se enfoque en el crecimiento intelectual sano y estable.

 

IV. La Sinergia: Cuando la Acción y el Sonido se Encuentran Lo que sucede entre los seis y doce meses es una colaboración magistral. La nutrición asegura que las neuronas tengan la mielina necesaria para transmitir impulsos rápidos, y la música proporciona los patrones rítmicos para que esos impulsos se organicen en pensamientos coherentes.

Los bebés son “estadísticos del sonido”. Analizan la frecuencia de los estímulos para decidir qué conexiones conservar de forma permanente y cuáles descartar. Este proceso de poda y fortalecimiento sináptico es lo que define la inteligencia futura.

Por ello, se necesita una consciencia activa por parte de los padres. Cantarle al bebé y jugar de forma interactiva crea un mapa sensorial rico. El uso del “parentese” –hablarle con entonación rítmica– mapea el lenguaje con precisión.

Es vital evitar las pantallas; el cerebro requiere estímulos reales, táctiles y tridimensionales, no el estrés digital de una imagen plana. Gracias al movimiento y contacto con el ritmo de la vida, la gran conquista del espacio y el tiempo cerebral finalmente ha comenzado.

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