Este ha sido un tema inacabable tras la pandemia en la consulta sexológica, en particular para las mujeres. La mayoría de mis consultas o pacientes son mujeres. Muchas de ellas han sostenido sus relaciones a través de tiempos inciertos como la pandemia, detenido sus divorcios por la contingencia sanitaria, se quedaron en estados de salud críticos después de haberse enfermado de covid y eso les obligó a quedarse en pareja…
Muchas son las circunstancias que han orillado a las lectoras y pacientes a tomar una terapia sexológica, porque existen casos en los que las mujeres que han estado la mayor parte de su vida en un matrimonio monógamo, se divorcian o separan y tratan de integrarse a la vida social y sexual de su comunidad, con muy poco éxito, pero sobre todo con un desconocimiento de lo que ellas llaman “nuevos protocolos”, pero que más bien es una de las barreras que podrían auto inflingirse para por ejemplo, no salir o no buscar o irse por la salida más pobre como lo son las aplicaciones de citas.
Pero lo primordial de esto es cerrar en verdad el ciclo y terminar con la pareja anterior, más allá de lo material o incluso del mismo motivo de la separación, para evitar en la medida de lo posible que el duelo vaya y venga en su avance.
Las terapias en los duelos de ruptura de pareja por lo general son procesos no lineales en los que hay muchos temas transversales, dependiendo de lo que haya que consolidar al final de una relación como los hij@s, una mudanza, quién se queda con qué y esto incluye hasta los amigos y amigas de la pareja y en lo individual. El nivel de complicación se va engrosando a medida del nivel de involucramiento de las personas implicadas. Quizás hasta debería ser un tema aparte el de los hijos y las hijas, definitivamente.
Uno de los asuntos fundamentales que debemos de observar en una persona que acaba de terminar una relación, es el hecho de que posiblemente va a iniciar con facilidad una nueva relación. Por vulnerabilidad, por auto concepto, por no romper la narrativa de una vida comprometida en la dinámica de tener una pareja, a veces al costo de lo que sea. Como me decía una paciente “agarras al primer feo que se te atraviesa con tal de no quedar como la dejada…”, lo cual además de su notorio tono discriminatorio, implica también un grado de desesperación terrible que incluso la lleva a desafiar sus propios límites. Todo esto suena fatal, pero también son los vestigios de las ideas del amor romántico en el cual se espera el amor inmerso en una eternidad.
Las relaciones que se inician de inmediato tras un truene, no son parte necesariamente de cerrar el círculo y tampoco es un indicador que las cosas van fluyendo hacia una resolución, sino es una manera de abrir un paréntesis que no sabemos qué tan benéfico será en la evolución personal de cada quien. Optar por una relación afectiva tras un rompimiento es una situación retadora para todas las personas que se involucren en ello, hasta para la terapeuta.
Cerrar un círculo tras un rompimiento muchas veces no es posible para todas las personas, porque las parejas se les desaparecen, las bloquean, las eliminan de las redes sociales o de lo que consideran su forma de socializar. El cierre es responsabilidad personal y no debe depender de la veleidosidad de un ente que carece de responsabilidad afectiva. Eso no es culpa de la víctima, quien debe recordarse continuamente este hecho para afirmar y afirmarse.
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