‘Se trata todo de precio y costos. Esos ingredientes ahorran dinero’. C. Van Tulleken
En El Capital, Marx señala la relación entre la nutrición y la alimentación humana, donde se destaca el papel que juega la producción, distribución y consumo de alimentos con las estructuras socioeconómicas y de poder en la sociedad capitalista.
En ella, la reproducción de alimentos se convierte en un producto comercial determinado por las relaciones de propiedad y la explotación laboral. En otros estudios señala también cómo la alienación se refleja en la alimentación de los trabajadores.
Chris Van Tulleken, construye una narrativa de los alimentos ultraprocesados a partir de la historia política y económica que lleva a la destrucción global de la nutrición y la salud por parte del sistema capitalista que, a través de multinacionales voraces y gobiernos banales, han permitido la transculturización alimentaria.
El capitalismo salvaje promueve hábitos inadecuados a las necesidades del ser humano y lo sustituye por las necesidades productivas en favor de la acumulación de capital.
La civilización humana puede dividirse a partir de los cereales que se cultivan y se consumen en la región donde surge; en contrapropuesta, la globalización promovida por las trasnacionales pretende estandarizar el consumo de azúcar refinada y la propuesta de alimentos ultraprocesados empacados al alto vacío, lo que facilita su transporte, duración y costos, sin importar el aporte nutricional que puedan ofrecer. La transculturización alimentaria se dirige al producto, a la forma de producción y a la socialización de su elaboración como cocina.
A través de la ley, México pretende combatir la obesidad infantil con Vida Saludable en las escuelas para que más de 10.4 millones de niños y adolescentes transformen su alimentación, retornando a la cultura nacional que fue invadida por chatarra promocionada como parte de la aspiración a un estilo de vida blanco y privilegiado.
En la red de la chatarra que la estrangula, como sello en sus envolturas se reconoce, marcada en letra, la desnudez intensa de la milpa, tan milpa donde teje raíces adventicias el frijol sobre una canción de calabazas pronunciada en maíz que nos da nombre como eco, como idioma y como patria.
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