Coahuila
Hace 4 años
Hace algunos días, una amiga compartió en un grupo una imagen que llamó mi atención: un “violentómetro virtual”.
Para aquellos que no están familiarizados con la expresión, el “violentómetro” es un material gráfico, diseñado originalmente por la Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género, del Instituto Politécnico Nacional. Surge a partir de una investigación que puso en marcha en el 2009, con el objeto de conocer la dinámica en las relaciones de pareja.
Muestra una escala de valores en forma de termómetro, en el que la medición va de menor a mayor, cuenta con tres niveles de colores, verde, amarillo y rojo, y a cada medición, se le atribuye una situación de alerta, que va desde las bromas y la descalificación, hasta las amenazas y la muerte.
Este material ahora usado por instancias gubernamentales y sociedad civil, permite identificar –de manera visual–, si se está viviendo una situación de abuso emocional o física, en el ámbito social, laboral o familiar. Además de alertar, cuando en la medición las conductas se encuentran en una etapa preventiva.
Además de la identificación de las conductas, la finalidad del “violentómetro” es la solicitud de apoyo especializado, o la toma de decisiones precautorias, antes de que la conducta pase de un nivel preventivo (amarillo), a un nivel de alerta (rojo).
El “Violentómetro virtual”, diseñado en septiembre del 2021, bajo la misma visión, incorpora conductas de violencia digital.
Sus creadores incluyeron en la medición, conductas como insultos electrónicos, difamación virtual, suplantación virtual, sexoextorsión, hasta trata de virtual de personas. La finalidad ahora, es dar a conocer las “nuevas formas de violencia” en las que se utilizan medios digitales, ya que la forma de interrelacionarnos ha cambiado significativamente después de la pandemia.
El teléfono celular hoy en día se ha vuelto una de las “ciberarmas” de espionaje más común, sobre todo para las mujeres, pero nadie esta exento. El celular contiene mucha de nuestra información personal, desde contactos de amigos y familia, hasta conversaciones, hábitos, preferencias, aficiones, fotografías, videos, documentos laborales, personales, médicos y hasta financieros.
Los softwares de espionaje, o spyware , funcionan de modo distinto. Los programas usan desde vulnerabilidades en los sistemas operativos de los dispositivos, hasta la elaboración de tecnología más avanzada y sofisticada para ingresar a un teléfono y registrar toda, absolutamente toda su actividad.
En internet encontramos programas de vigilancia “legales”, para registrar la actividad laboral de empleados repartidores por ejemplo, o para supervisar la actividad de los hijos en redes sociales. Sin embargo, todos los días recibimos mensajes, correos, fotos e información que descargamos casi de manera automática –o incluso ya predeterminada– en nuestro teléfono celular, tanto de personas conocidas como no conocidas. Aquí hay uno de esos peligros.
Basta con googlear algunas búsquedas de cómo hacer “espionaje”, “¿con quién habla mi pareja por celular?”, “¿dónde esta mi pareja?”, o preguntas similares, para que la pantalla desplegué un menú de opciones como tutoriales y programas. Pero también podemos buscar la manera de cómo protegernos, hay videos sencillos y páginas que indican números, claves y formas simples en las que podemos detectar si nuestro teléfono se ha hackeado, o se ha instalado un stlalkerware o un spyware.
Según datos de Kaspersky, México se encuentra entre los 10 países con más casos de stalkerware en todo el mundo, y son las mujeres, las principales afectadas, pero no solo ellas. En nuestro país se ha incorporado en los códigos penales el tema de la violencia digital, pero no se consideran las diferentes formas de violencia en los espacios digitales, solamente se han abordado aquellos que tienen relación con la intimidad personal o la publicación o difusión de imágenes con carácter de tipo sexual. Ojalá no pase mucho tiempo, para que la legislación aborde problemáticas tan complejas, como la forma en que ahora nos interrelacionarnos.
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