A partir del reciente y enooooooorme triunfo del Tri, Sofía canta Cielito Lindo debajo de la regadera. Cómo le hubiera gustado haber asistido al partido del Mundial de Futbol 2026 entre México y Ecuador.
Junto con los 80 mil hinchas del estadio Azteca, también ella hubiera cantado a todo pulmón la canción del compositor Quirino Mendoza y Cortés, nacido en Tulyehualco, Xochimilco, el 10 de mayo de 1862, y multipremiado por el presidente Truman, el Rey de España, el emperador japonés Hirohito; y acreedor de muchas menciones honoríficas.
Esta canción se la dedicó a su novia Catalina Martínez, quien tenía un lunar cerca de la boca: “… ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca”. Por ese lunar se casó con ella.
Si Sofía hubiera tenido el don de la ubicuidad, también hubiera asistido, al mismo tiempo, al Ángel de la Independencia, para celebrar el 2-0 a favor de México, y de nuevo hubiera cantado Cielito Lindo, junto con más de 1 millón de fanáticos.
Así como hubiera corrido hacia el Zócalo para presenciar el juego en una de las gigantescas pantallas que instalaron para que todos los capitalinos pudieran disfrutar de este gran acontecimiento.
Si Sofía fuera rica, más bien millonaria, sin duda se compraría dos boletos (para ella y su marido) para poder asistir el próximo domingo al encuentro entre México e Inglaterra en el estadio Ciudad de México. “Se ve mucho mejor en la tele”, le dice su marido como para consolarla.
Si algo sabía Sofía, era de la euforia total del público mexicano ante el futbol. El 6 de junio de 1970, durante su noche de bodas en la mejor suite del hotel María Isabel, ni el novio ni ella pudieron conciliar el sueño y mucho menos el encuentro bíblico.
¿Qué fue lo que sucedió? Ese mismo día se efectuó el partido de futbol entre la URSS y Bélgica, los dos rivales de México del Grupo 1. En esa jornada también se jugaron Uruguay contra Italia, Rumania contra Checoslovaquia y Perú contra Marruecos.
El hecho es que esa noche miles y miles de aficionados estuvieron vociferando: “¡¡¡Mé-xi-co, Mé-xi-co, Mé-xi-co!!!”, como si se hubiera tratado de un coro griego que se encontraba en la habitación nupcial.
La clave de la celebración era la siguiente: si la URSS ganaba ese partido, México se acercaba a clasificar a Cuartos de Final, a falta de su partido contra El Salvador, que jugarían al día siguiente el 7 de junio, y de la disputa contra la propia Bélgica el 11 de junio, encuentros que terminaría ganando nuestra Selección.
Finalmente, los aficionados mexicanos tenían razones de sobra para estar en el Ángel de la Independencia (a dos metros del hotel María Isabel) festejando los resultados que les favorecían. Para Sofía, fue una noche entrañable, porque esa noche se mezclaron tres tipos de amor: el de los recién casados, el de la patria y el del futbol.
En cuanto al triunfo de México sobre los ecuatorianos, habría que decir que Sofía, para variar, sufría como enana. Estaba segura de que los de Ecuador se iban a vengar con la Selección Mexicana, ya que la noche anterior del encuentro, un grupo de hinchas mexicanos se presentó a las puertas donde estaban hospedados los ecuatorianos y armaron un tremendo escándalo entre gritos, cláxones, sonidos de tambores y trompetas, mariachis e insultos a voz en cuello.
Querían que el equipo de Ecuador no pudiera cerrar los ojos y que llegaran al otro día a jugar sumamente cansados. Sofía estaba indignadísima. Sintió vergüenza y coraje. Le pareció una bajeza y un acto de incivilidad absoluta. Entre más aparecían estas escenas grotescas en las redes, más sufría la pobre de Sofía.
Vio el partido más que angustiada, estaba segura de que la venganza por parte de los ecuatorianos vendría de un momento a otro. Durante el partido sí hubo jaloneos y empujones, pero nada más. Finalmente, y a pesar de todo, ganó nuestra Selección e hizo que todo México recobrara la fe y la esperanza en su país.
Qué respuesta tan intensa y conmovedora por parte de los hinchas, no obstante, hubo cuatro personas muertas por asfixia durante la manifestación en Reforma.
Las víctimas fueron un hombre de 44 años, otro de 30 –quien sufrió crisis convulsiva–, una mujer de 48 y una joven de 19 años. Ese es el costo que hay que pagar por expresar tanta pasión sin límites.
Eso es lo que provoca el deporte más popular del mundo cuando no se establecen límites ni controles. Entonces el Cielito lindo se nubla y se entristece.
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