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Coahuila

Clase media con dignidad

Por Cholyn Garza

Hace 5 años

Cuando escuché al presidente López Obrador lanzar improperios contra la clase media, lo primero que pensé fue: ¿a qué clase social cree pertenecer este señor? ¿A la realeza? ¡Por supuesto que no! Ni la finta posee, aunque hoy viva en un palacio, donde por cierto no paga renta. Pertenece acaso ¿a la clase social de familias millonarias que viajan en aviones privados, poseen lujosas mansiones y se codean con el jet set internacional? Tampoco; porque, aunque lo toleren sólo por su investidura (que por cierto él no respeta y le quedó grande) no encaja en ese grupo que se siente “exclusivo” por todo lo que poseen.

El presidente López Obrador en ningún momento se ha comportado como el hombre que fue electo para gobernar un país y que debe respetar las instituciones y gobernar para todos los mexicanos.  No acaba de entender que es el presidente de una nación, no de un partido o grupo político.

Por lo tanto, no le corresponde clasificar a los ciudadanos por lo que él considera su estatus social, económico o político. Ni referirse a ellos, a nosotros, con el desprecio y burla que viene haciéndolo.  

Recién, el presidente Andrés Manuel López Obrador, arremetió de una manera absurda y torpe en contra de la clase media en México. Más que molestarme, una serie de acontecimientos de mi amado país llegaron a mi mente. Y al repasar algunos episodios de la vida política y social de nuestro México, he llegado a la conclusión de que hay algo más que agregar a la cadena de orgullo de ser mexicanos.

Me refiero a la clase media en sus diferentes niveles. esa clase social a la que pertenecemos millones de mexicanos y a la que hoy al presidente de este bello país, a sus aliados, achichincles, lambiscones, lacayos y demás, les causa escozor en la piel.

Una clase social que no se dobla tan fácilmente ante la adversidad.  Y si ha caído una y otra vez se levanta para seguir luchando por sobrevivir. Una clase social que recibió educación como herencia de los padres, quienes a su vez la recibieron en casa y en la escuela hasta donde les fue posible obtenerla.  

Hay que reconocer que la generación de nuestros abuelos, por ejemplo, de un trabajo sencillo pero honrado envió a sus hijos a la escuela, no a la calle porque lo que menos querían eran “vagos” o malvivientes. “Estudien para que sean algo en la vida” “estudien porque es lo que les vamos a dejar como herencia”, expresaban convencidos.

Muchos abuelos por diversas razones no tuvieron una gran escolaridad; sin embargo, tenían sentido común y mucho amor al trabajo que realizaban, ya sea en el campo, en un puesto de frutas y verduras en algún mercado o en un pequeño negocio con mercancía que vendían en el barrio o a través de un oficio.

Esa clase media que siempre ha estado presente en la vida de nuestro país. La misma que, ante las crisis económicas, no se “dobla”, mucho menos se detiene a esperar que le resuelvan sus problemas.   

Y lo ha hecho en muchísimas ocasiones; desde su hogar, donde ve la forma de salir adelante enfrentando el problema.   Y lo hace de muchas maneras, ya sea a través de las recetas de mamá y abuela para preparar un delicioso postre o platillos que ofrece para su venta, o también elaborando prendas de vestir.  Mujeres emprendedoras que con su iniciativa han apoyado en la economía familiar y han sostenido sus hogares.

Así, se crearon negocios propios que fueron creciendo gracias al entusiasmo que depositaron en su proyecto, creyeron en él y se esforzaron para fortalecerlo con el tiempo. Pusieron en práctica lo que sabían hacer y que aprendieron un día en el hogar paterno. 

Tenemos también a una clase media trabajadora en empresas establecidas, donde reciben un salario y prestaciones. La clase obrera que con empeño y dedicación aporta su esfuerzo para hacer de nuestro México, un país cada vez mejor. Ellos, los trabajadores, han contribuido en gran manera a mantener la tranquilidad en el país y la paz social.

Clase media “aspiracionista” ¡Oh, por Dios! ¿Acaso es malo, estudiar, prepararse para tener un futuro mejor? ¡Por supuesto que no! Todos aspiramos a mejorar siempre, y si se desea, también a tener un título universitario ¿por qué no? Es un legítimo derecho a prepararnos y a luchar por lo que queremos. Por eso nos esforzamos y sin importar la edad que tengamos, nos seguimos preparando.  Es parte del ser humano ir en busca de la superación personal.

Es muy loable hacerlo porque quien no tiene aspiraciones y no realiza ningún esfuerzo para lograr su objetivo ¿qué puede esperar?

¡Cuánta razón tenía la generación de nuestros padres! Una buena educación, es la mejor herencia que podemos dejar a los hijos. Enviarlos a la escuela para que reciban su instrucción académica, hasta donde sea posible hacerlo.  No obstante, es en el hogar donde realmente se aprenden principios, valores que habrán de acompañarnos durante nuestra existencia. Ahí, en nuestro hogar aprendimos a respetar las instituciones, a nuestros mayores, el amor a nuestra Patria.  Ahí aprendimos también a comportarnos con dignidad, con honestidad, porque tuvimos en nuestros padres y abuelos un hermoso ejemplo.

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