Pues resulta que México es un país lleno de racistas, clasistas y corruptos, y además, cada día, se suman decenas, por no aventurar, centenares de despreciables traidores a la patria. Sí, eso y no otra cosa, son los que ven algo que simplemente no cuadra en las tlayudas del nuevo aeropuerto, en el daño ecológico sobre el que avanza el Tren Maya y en los miles de millones extra que requerirá la refinería de Dos Bocas.
A esto súmele los que advirtieron en su momento que algo no cuadraba con la “puesta en operación” de varias universidades del Bienestar, aquí en Coahuila, que en ese entonces estaban en obra negra; y qué decir de los miserables neoliberales y corruptos que protestan por la escasez de medicamentos, o los que se atrevieron a señalar como desatino el eliminar tantos programas que, con todos sus asegunes, cumplían con apoyar a los sectores más desprotegidos, como las escuelas de tiempo completo y las estancias infantiles.
No, el que no vea que el país está mejor que nunca, que avanza con pasos sólidos al bienestar y progreso de todos; que está en marcha la pacificación y reconciliación, y que la economía florece libre de corrupción, pues es un ciego neoliberal, enemigo de la transformación.
Pues que así sea, ya que desde la óptica del que gobierna, todo aquel que cuestione los tumbos que da la 4T, pues es un racista, clasista y corrupto… y a este ritmo, de todos los días descalificar e insultar al que cuestione o manifieste su desacuerdo, llegará el momento en que los traidores a la patria sean más que los que hoy integran esa entelequia llamada pueblo bueno y sabio. Y parece que la gran apuesta es que ese día llegue después de julio del 2024.
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