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Publicado el martes, 5 de mayo del 2026 a las 04:09
Fernando Vielma| Saltillo, Coah.- En Saltillo, la fiesta del beisbol no empieza con el primer lanzamiento, sino con la aparición de un personaje que ya forma parte del alma del estadio. Desde una “madriguera” cercana al estadio Francisco I. Madero, Kike Conejo sale en cada partido para contagiar entusiasmo a la afición de los Saraperos de
Saltillo.
Con una personalidad que mezcla inocencia, energía y cercanía, se presenta como un niño de 8 años que cursa el tercer grado de primaria, pero que en realidad encarna décadas de tradición beisbolera y sentimiento local. Su historia, contada desde la fantasía, conecta con quienes crecieron asistiendo al estadio en familia, convirtiendo cada juego en una experiencia compartida.

Gran recuerdo
Kike recuerda con especial emoción los campeonatos de 2009 y 2010, momentos que marcaron a toda una generación de aficionados tras años de sequía. En su voz, esos recuerdos siguen vivos como si hubieran ocurrido ayer, reforzando el vínculo entre el equipo y su gente.
Cada vez que pisa el terreno, no sólo anima, también revive esas gestas que alimentan la identidad deportiva de la ciudad. “Los campeonatos del 2009 y 2010 fueron grandiosos porque ya teníamos mucho tiempo sin ganar un campeonato”.
Más allá del espectáculo, Kike proyecta un mensaje claro hacia las nuevas generaciones: la importancia de mantenerse activos. Su rutina incluye ejercicio, baile y juegos con sus amigos, lo que le permite sostener el ritmo durante todo el partido y, al mismo tiempo, inspirar a niños y jóvenes.
Para él, el deporte no es sólo entretenimiento, sino una herramienta para el bienestar y el desarrollo personal. Ese compromiso también se extiende a su amor por Saltillo, una ciudad que describe con admiración por su cultura, su gente y su pasión por el beisbol. “Es un orgullo, es una sensación, pues indescriptible, de salir, animar a la afición, animar al equipo”. En cada salto y cada gesto, Kike reafirma que el deporte también se vive desde la emoción y el sentido de pertenencia.

La persona
Detrás del personaje que hace reír, brincar y emocionar a miles de aficionados, se encuentra Carlos Omar Montoya Bernal, un hombre cuya trayectoria ha estado marcada por la constancia y la pasión. Originario de Guasave, Sinaloa, llegó a Saltillo en la década de los 90 como parte de la organización de los Tomateros, cuando el dueño del club adquirió la franquicia de Saraperos.
Con 28 temporadas dando vida a Kike, Montoya ha sido testigo de la evolución del personaje, desde su creación en 1994 tras una convocatoria del club, hasta convertirse en un símbolo entrañable para la afición. Su trabajo no se limita a vestir un traje; implica resistencia física, creatividad y una gran capacidad de improvisación para interactuar con el público en cada juego.

Es complicado
Las condiciones no siempre son sencillas, especialmente por el calor y el desgaste que implica portar la botarga durante varias horas. “Sí, sí es pesado porque yo soy una persona que suda mucho y cada vez que me quito el traje es casi exprimirlo”, dejando ver el esfuerzo
detrás del espectáculo.
A pesar de los retos, Montoya encuentra en su labor una satisfacción difícil de igualar. El contacto con la gente, las sonrisas que provoca y el cariño que recibe al final de cada partido son su mayor recompensa. “Es un gran orgullo tener la responsabilidad de estar dentro de la piel del conejo porque es una es una figura muy querida”. Así, temporada tras temporada, Carlos Montoya continúa dando vida a un símbolo que ya es inseparable de la identidad beisbolera de Saltillo.
Su llegada
Carlos Montoya, originario de Guasave, Sinaloa, llegó a Saltillo en los 90, como parte de la organización de Tomateros, cuando Juan Manuel Ley López, dueño del equipo culichi, adquirió a Saraperos de Saltillo.
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