Hasta siempre Jaime
La llama que dejaste encendida es inapagable.
Ayer en Arlington, Texas, falleció el amigo, locutor y licenciado Jaime Araiza Valverde. Con él surgieron muchas coincidencias.
Fuimos aspirantes a locutor cuando cada uno tenía 15 años, sin ninguna preparación para el difícil oficio de comunicador. Él era el cobrador yo el conserje de la ya octogenaria radiodifusora XESJ. Allí fue nuestra escuela de comunicación y abrevamos de los grandes locutores que tenía la emisora, fueron nuestro ejemplo, principiando un gerente de lujo, Jorge Ruiz Schubert, abogado y catedrático; Rubén Aguirre Fuentes, “El Profesor Jirafales”; Alfonso Flores Aguirre, José Guadalupe “El Compadre” Medina, Delfino Cabello Gámez, Antonio Escobedo Casas, Clemente Bárcenas, entre otros.
Los dos, Jaime y yo, fuimos a la misma secundaria, la misma preparatoria, él se inclinó por la abogacía, yo me dediqué en cuerpo y alma a la locución, me encasillé en el área de noticias. Estuvimos en la misma banda de guerra cuando fuimos conscriptos; fuimos aspirantes a actores en grupo teatral denominado Santa Cecilia; escogimos cada quien como esposa a una dama llamada Guadalupe; luego volamos por nuestras propias alas y coincidimos como locutores en la recién iniciada XEAJ de don Alberto Jaubert, quien fundó la primera emisora de Concepción del Oro, Zacatecas, y hasta allá fue Jaime Araiza Valverde, que pude ser históricamente el primer locutor que tuvo Concha del Oro. Él voló más alto que yo, pues llegó a la XEFB de Monterrey cuando la estación radiofónica estaba aún en los cuernos de la luna de popularidad en el norte del país, allí desarrolló sus dotes de actor y de buen nivel.
De regreso a Saltillo se incorporó a la XEKS, donde hizo toda una época y terminó la carrera de leyes que tanto le apasionaba, siguiendo los pasos de su padre, quien fue buen abogado. Se despidió de la KS y de la locución, puso el legendario puesto de comidas Pancho Tacos, nombre que traspasó las fronteras. En Texas hay una similar que fundó su hijo Jaime júnior, con sus hermanos Luis y Sergio, y Yinnie siguió con la tradición en Saltillo.
En dos de mis libros incluí su historia radiofónica y le rendí un homenaje en vida al llevarlo a la cabina de la XESJ, a la cual profesionalmente no ascendió por motivos sindicales, pues también fue líder en estas lides. Lo entrevisté, platicamos de nuestra amistad y profesión y lo obligué a leer varias noticias por los micrófonos de la estación que fue nuestra escuela.
Y como dice la canción: coincidencias tan extrañas de la vida.
Gracias por tanto, amigo.
Tú nunca te irás, vivirás por siempre en nuestros corazones.
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