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Coahuila

Comentaba sobre la instrucción pública

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 4 años

Para quienes, desde el jardín de niños hasta la preparatoria, nos formamos en escuelas públicas o del gobierno como entonces se les identificaba, es realmente triste ver la situación que hoy guarda la instrucción que se imparte en ese tipo de establecimientos educativos. Hemos de aclarar, sin embargo, que aun en medio de toda esa debacle existen algunas escuelas que se salvan más que nada gracias al esfuerzo que realizan en conjunto los maestros ahí asignados y los padres de familia. Desafortunadamente, esos casos son excepcionales, la norma hoy en día es  una instrucción pública inmersa en la  calidad escasa de lo que ahí se imparte. Lejos están los días en que, sin objeción, la educacion publica era de excelencia. De aquel proceso que alcanzó su punto máximo durante la década de los 1960s, principios de los 1970s, hoy casi ya no queda nada más que excepciones. Fue echar por la borda aquello que dio inicio desde el momento en que los integrantes de  la Republica triunfante decidieron que era necesario modificar la forma de enseñar. En ese contexto, nos encontramos un planteamiento que sobre la instrucción publica realizara  el sabio entre LOS HOMBRES DE LA REFORMA, Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada, un personaje cuyo nombre, aun hoy, provoca resquemor entre los enemigos del progreso y por ello poco se sabe de él. Pero dejemos a esos temerosos de la excomunión y vayamos al planteamiento que, en 1868, El Nigromante realizaba acerca de la instrucción pública.

Precisaba que “la instrucción es necesaria a todos los seres humanos; enaltece a la mujer y completa al hombre; sin ella, los derechos y obligaciones del ciudadano son un absurdo; sin ella, la multitud vive en odiosa y perpetua tutela. ¿No es verdad que todo esto es claro? ¿Cómo, pues, la autoridad y el público se descuidan hasta el punto de que nadie agita el problema sobre el modo de educar a cinco millones de indígenas y a dos millones de las otras clases que forman la sociedad mexicana? ¡Nuestros planes de estudios no se extienden a un millón de ciudadanos! Cumplimos cuando mucho con una octava parte de nuestro compromiso.” Eso era entonces, hoy de nada sirve que cubra todo el territorio nacional si lo que se ofrece carece de calidad.

Indicaba que “la instrucción debe comprender la gimnasia, las artes y las ciencias, comenzando por los conocimientos de las cosas y personas que nos rodean, para encumbrarnos hasta la antigüedad en los casos en que así nos convenga. Estos principios son incontestables, pero no aparecen muy claros, porque entre ellos y nuestros ojos se interpone la rutina.” Ni duda cabe que la perspectiva era correcta, pero eso era en el siglo XIX. Hoy, en las grandes ciudades, hacer que los chamacos realicen ejercicio al aire libre más que acarrearles beneficios los pone en grave riesgos ante la contaminación ambiental que no solamente afecta los pulmones, sino que origina daños neurológicos irreversibles, algo  que las autoridades evitan reconocer pues en ello va su ineficiencia e ineficacia para resolver el problema. En cuanto a las artes, pues hoy a cualquier cosa se le considera así y la calidad desmerece. Y, en lo concerniente a las ciencias, pues como dirían por ahí, la sola mención les produce urticaria a quienes se encargan de diseñar los programas educativos.

Pero en, en el Siglo XIX, había algo que resolver ya que “lo primero que puede hacer cada individuo es dar nombre a las cosas que le rodean; es lo primero que hace, en uno o en varios idiomas. Tal estudio exige dos clases de conocimientos simultáneos; las palabras y las cosas a que se aplican. ¿A qué bárbaro, pues, le ocurrió el actual sistema por el cual enseñamos a los niños palabras sin significación? ¿Se niega el hecho? Ved todo lo que se llama religión, examinad muchos principios de pretendida moral, y tened presente que, en la mayor parte de los estudios filológicos, y sobre todo en la mitología y en la historia, anticipamos a los alumnos palabras y frases, que muy tarde, acaso nunca, comprenderán. La misma gramática del idioma abunda en semejantes desatinos.” Ni en sus sueños mas estrambóticos El Nigromante habría imaginado que, en Siglo XXI, se crearía una generación de chamacos que habrían de perder toda noción de lo que es la gramática para convertirse en analfabetas funcionales que, eso sí, son expertos en “textear” palabras incompletas y frases incoherentes, lo cual tiene como resultado de que al momento en que se les solicita escriban media página sean incapaces de redactar algo que haga sentido. La reflexión que a continuación realizaba es algo que, en nuestros días y entre las generaciones nuevas, es difícil de encontrar salvo entre grupos selectos y esto no es ni racismo, ni clasismo, es la realidad prevaleciente cuando se tiene un  sistema educativo público en ruinas.

Mencionaba: “Así es que toda la nomenclatura primaria no debe comprender sino objetos que fácilmente puedan colocarse en contacto con los sentidos. La naturaleza misma impone como primario este desarrollo de la inteligencia por medio de palabras que correspondan a sensaciones positivas, y por medio de sensaciones que busquen su existencia mnemónica [relatico a la memoria] en las palabras: el hombre así perfeccionado piensa.” En contra de eso nada hay que decir, excepto que quienes se han encargado en los últimos tiempos de la educacion publica en México han tenido un objetivo muy claro, evitar que los chamacos aprendan a pensar. Crear generaciones de seres pensantes es algo muy peligroso para quienes tienen como objetivo mantener a la sociedad como rehén de las dadivas y vivir en el agradecimiento eterno a quien se las surte. 

“Luego que el hombre piensa, debe estudiar su propia persona y todo lo que le rodea; este conocimiento personal es la condición del progreso humano. Tiene uno que estudiarse a sí mismo y en las relaciones con los elementos naturales y sociales que lo cercan, supuesto que por regla general todo individuo es para sí propio el responsable de su salud, de su vigor, de su carácter, de sus placeres y de sus medios de subsistencia; más adelante ya no sólo tiene la tutela de su persona, sino de una familia, de un establecimiento, de una municipalidad, acaso de su patria entera. La salud depende de la higiene, y por eso cada hombre es el mejor médico de sí mismo; se ocurre a la ciencia especial en casos excepcionales. Las condiciones sociales no se llenan sin conocer a nuestros vecinos. La subsistencia, el bienestar, la riqueza, el poder suponen un conocimiento vasto, no de seres imaginados, sino de hombres vivientes; no de idiomas muertos, sino de lenguas vivas; no de ideas abstractas, sino de todas las producciones de la naturaleza y del arte.” Vaya reflexión intemporal, misma que es muy poco atendida pues, algunos, siempre buscan responsabilizar a otros cuando las cosas no les van en el sentido que esperan y en cuanto a la parte final, nada que agregar.

“Si no hay una equivocación en todo lo que hemos manifestado, resulta que la llamada instrucción pública, en México, no solamente se aplica a unos pocos, sino que a esos pocos los corrompe.” Actualmente no son pocos, pero los efectos son los mismos.  “Les enseña multitud de palabras sin ideas en las leyendas maternales, que la ignorancia inspira a la mujer, cuando ésta debiera alumbrar las primeras antorchas en ese altar de la inteligencia de los niños; esa instrucción pública nos inculca mil reglas inútiles y falsas sobre nuestro propio idioma; ella nos obliga a saber y olvidar las lenguas muertas que nos causan una aversión instintiva; por ella se sostiene la jerigonza que se llama metafísica; por ella ignoramos la organización del cuerpo humano y las leyes de la naturaleza; en ella encuentran un obstáculo los conocimientos físicos y químicos; merced a esa instrucción ignoramos la historia de la patria y desconocemos la influencia extranjera; esa instrucción nos lleva a cada paso al mundo de las hipótesis, a épocas que sólo tienen interés para la curiosidad de unos cuantos; esa instrucción a  veces se llama derecho canónico, a veces derecho romano y a veces mitología! en fin, con el sistema existente, lo último que aprendemos, y eso en lo particular, es un oficio.” Ahora eso de la metafísica resultaría una enseñanza diabólica y los asuntos canónicos únicamente se refieren a la reverencia que deben de guardar al líder 

Con respecto a los grupos indígenas, Ramírez Calzada apuntaba que “ellos conservarán sus trajes, muchas de sus costumbres, y sus idiomas, si así les place; pero antes que termine el siglo, so pena de desaparecer en el siguiente, ellos deben figurar con toda la actividad de su inteligencia, con todo el entusiasmo de los nuevos intereses, en la industria, en la agricultura, en el comercio, en la política y en el teatro de la civilización y del progreso.” Véase como LOS HOMBRES DE LA REFORMA no andaban fomentando el estancamiento, ni el pobretismo. Buscaban que todos se incorporaran al proceso nacional como entes activos y no como especímenes en espera de la ayuda gubernamental. Para ello realizaban propuestas diversas.

En ese contexto, El  Nigromante se preguntaba: “¿Qué debemos, pues, enseñarles? ¿El Catecismo? La mayor parte de lo que este libro contiene, ellos lo saben y lo practican, sobre poco más o menos, como todos los pueblos del mundo. ¿Poesía? Esa es una inspiración de ciertas circunstancias sociales, y se aviene mal con la esclavitud y la barbarie. ¿Historia? ¡Qué importa a la raza indígena lo que pasó hace veinte siglos en Grecia o en Roma!  La historia nacional está por hacerse. ¿Metafísica? Con ella no mejorarán el cultivo de sus tierras; con ella no robarán la industria de la seda a los franceses, ni a los chinos; con ella no se aventurarán en el seno de los mares. ¿Será bastante que les enseñemos lectura, escritura y algunas cuentas? Muchos de ellos han aprendido todo esto; y lo han olvidado por no tener qué leer, qué escribir, qué contar. No hay que cansarnos; ellos deben saber lo que saben todos los pueblos ilustrados, lo que hoy se trata de enseñar a todas las clases.” Ese era el objetivo, dejar de considerarlos objetos antropológicos e incorporarlos a la ruta del progreso.

“Ocupémonos hoy de los libros que sirven de texto en las escuelas donde, por cuenta de la autoridad, se reparte la instrucción a los niños: de esas obras, unas son heredadas de la época colonial y otras se conservan en un idioma extranjero. Obras de la época española. —Inútil es sujetarlas a una crítica minuciosa; ellas pudieron ser admirables en otro tiempo; pero obsérvese que esas mismas u otras iguales existían en francés, en inglés, en alemán o en italiano.”  Entendemos los motivos que pudieran haber llevado a Ramírez Calzada a realizar tales afirmaciones, pero ninguna obra, cualquiera que haya sido el idioma en que fuera publicada o la época en donde se imprimió originalmente, se convierte en objeto desechable simplemente por el paso del tiempo. Su análisis hay que realizarlo en el contexto en que fueron realizadas y el contenido de cada una, eso es realmente lo que la hace o no poseedora de una calidad que le permite ser intemporal. Pero, el guanajuatense se repone y apunta: “Pues bien, en el espacio de medio siglo, la Francia, la Italia, la Inglaterra con los Estados Unidos y la Alemania, producen cada año nuevos métodos y nuevos ensayos para que la enseñanza sea más fácil y para que las obras elementales representen microscópicamente los adelantamientos admirables de la ciencia.”  Reproducen en pequeño lo que las enciclopedias en grande. Lo que antes se llamaba cartilla y se trasformó en silabario, hoy es una enciclopedia que comprende no solamente los elementos naturales del lenguaje, sino que representa fielmente los objetos, y hablando al oído y a la vista, inicia al educando en los objetos fecundos de la historia natural y de las artes. Los mismos diccionarios siguen al través de todas las naciones y de todos los siglos la historia de cada palabra, descomponiéndola en sus más imperceptibles elementos.” Totalmente de acuerdo en que el conocimiento avanza, cosas y métodos nuevos aparecen y no por ello vamos a olvidarnos de las bases que lo sustentan.

Inmediatamente, le da por reconocer que “lo que se llamaba aritmética y se reducía a ciertas fórmulas que recordaban la adivinación y la magia, hoy es una recopilación de combinaciones de la cantidad con abundantes ejemplos y aplicaciones a los negocios de la vida práctica.” De eso se trata la evolución de la humanidad, encontrar como el proceso del conocimiento es útil para alcanzar nuevos fines. 

Asimismo, establecía que “hoy la física y la química se aprenden manipulando; el origen del mundo nos lo enseñan las capas y formaciones de la tierra sin la intervención poética del Génesis; y todos los ramos de la administración pública son militantes, supuesto que cada escuela no forma teóricos, sino reclutas para la tribuna y para el foro. La sabiduría de entonces no es hoy suficiente ni para los niños, que aspiran aconocer las maravillas del vapor y del telégrafo y del daguerreotipo.” Efectivamente, pudo haber sido cierto en ese momento, pero el poseer todo ese bagaje de conocimiento siempre será de ayuda para entender los procesos de modernización. Nos extraña que este sabio de la Reforma haya negado que el proceso evolutivo del conocimiento no era factor fundamental para el adelanto de las ciencias y el hombre.

“Tales son nuestras necesidades; y para satisfacerlas no hemos tenido más que la imprenta de Murguía que aborta diariamente libros envejecidos y estampas ridículas de personajes fabulosos; si ese establecimiento en los 20 años de su existencia, en vez del Señor de Chalma, de la Virgen del Rosario, del Corazón de Jesús y de un hombre ajusticiado, hubiera publicado mastodontes, camellos, vacas, plantas útiles, máquinas nuevas, ocho millones de consumidores no permanecerían extraviados en el país de las quimeras.” Pues sí, poco ayuda al desarrollo de una nación el que nos vendan vidas ejemplares sostenidas con alfileres y por consiguiente altamente cuestionables para quienes no aceptan el dogma como verdad eterna, pero nunca está de mas conocer sobre esos asuntos, en esa forma se refuerzan los cimientos del conocimiento sustentado en la ciencia.

“Obras en idiomas extranjeros. —Las poseemos, aunque no con abundancia, y sirven de texto en las cátedras superiores. Así como reconocemos su utilidad, se nos permitirá afirmar que ella es muy limitada. El hombre no digiere en su inteligencia sino lo que mastica con el auxilio de su lengua materna; lo que mal traducimos mal lo aprendemos. Pocos estudiantes comprenden, cuánto necesitan, los idiomas extranjeros, pues a veces los mismos catedráticos caminan en esas regiones con muletas: hay cosas que no se pueden estudiar sino en un idioma determinado, como la literatura que a cada lengua pertenece. Sobre todo, esa instrucción extraña no alcanza sino a mil ciudadanos cuando son ocho millones los que la necesitan. Digámoslo con valor: la enseñanza en idiomas extranjeros es un absurdo. ¿Qué clase de instrucción es esa de que no podemos darnos cuenta en nuestro idioma fundamental y que no podemos comunicar á nuestros conciudadanos?” Al respecto, entendemos la perspectiva de don Ignacio en el contexto del Siglo XIX, pero la forma de entender las obras en su idioma original es, y ha sido siempre, el aprendizaje de lenguas extranjeras desde la infancia. Es ahí en donde, con facilidad mayor, se adquiere ese conocimiento y permite, a quien tiene dicha opción, ampliar su panorama acerca de lo que es el mundo. Eso para nada impide que se aprenda correctamente el idioma materno. Desgraciadamente, en nuestros días hay quienes buscan hacer prevalecer esas creencias de que aprender uno o varios idiomas termina por deslavar el nacionalismo. Es entendible entre quienes piensan así, su perspectiva del mundo es muy limitada y se aferran a vivir en una realidad  que ya no existe.

Este ha sido un apretado repaso sobre las perspectivas que Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada tenía sobre el futuro de la educacion en México justo cuando la Republica triunfante estaba en proceso de construir la Nación. Si bien no compartimos todos sus puntos de vista, entendamos que ello es algo natural. Su planteamiento era el del Siglo XIX en donde la interconexión global se tomaba sus tiempos. En los nuestros, no es factible que los lineamientos de la instrucción pública sean dictados por  quienes buscan treparse en la carreta para viajar y utilizar el trapiche como novedad tecnológica, lucen muy románticos, pero se equivocaron de siglo, estamos en el XXI, no en el XIX, aunque esperen, en este último si había quienes miraban hacia un futuro cambiante y no querían regresar a la Edad Media cuando la voz del soberano era inapelable. [email protected]

Añadido (22.31.120) Con toda certeza esas declaraciones del funcionario de Gobernación relacionadas con  la Guardia Nacional fueron realizadas en un momento en que la nube se  disipó, lástima que eso le suceda ocasionalmente.

Añadido (22.31.121) Excelente que se vaya a construir un acueducto en Nuevo León. Sin embargo, por mas que leemos y releemos, no encontramos cual va a ser la fuente de abastecimiento. ¿Sera que se manejan bajo el principio del cultivo tradicional de maíz? Si, ese que se está en espera de que llegue la lluvia para lograr el objetivo.

Añadido (22.31.122) Una muestra de que en México la discriminación no existe. Todos aquellos investigadores quienes laboran en instituciones privadas de educacion superior, no pueden aspirar a ingresar al Sistema Nacional de Investigadores. Asimismo, quienes ya pertenecían a él, pero están adscritos a una universidad privada, no son sujetos de recibir ningun estimulo o apoyo  proveniente del SNI. Lo mas simpático es la solidaridad que muestran los investigadores quienes laboran en instituciones públicas, guardan un silencio absoluto. Ahorita, se hacen “los occisos,” pero llegará el día en que vayan tras de ellos y al solicitar apoyo encontrarán que ya no hay nadie  para ayudarlos. Pero que le vamos a hacer, están inmersos en su burbuja y no saben historia. Que lo disfruten… mientras tengan motivo.

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