La muerte repentina o inesperada de alguien que amamos trastoca todas las fibras de nuestra vida y, en cierta manera, hay un rompimiento dentro de nosotros.
Cuando una persona fallece de repente, ya sea por un ataque al corazón, un accidente, un desastre natural, un suicidio o asesinato, surge dentro de nosotros una mezcla de sentimientos: angustia, culpa y enojo. En este tipo de pérdida hay un sentido adicional de pesar.
Por eso quisiera que esta semana hablemos de este tema: cómo atravesar el dolor por la muerte repentina. El dolor de no haber tenido tiempo para despedirte, de sentir que no pudiste cerrarle los ojos, de haber compartido esos últimos minutos para un abrazo o una palabra pendiente, puede causar reacciones profundas.
Este carácter imprevisible nos hace sentir que estamos viviendo en una irrealidad, mientras que ni siquiera tuvimos tiempo para decir adiós o expresar ese último “te quiero”. Entonces, pueden seguir persiguiéndonos pensamientos como: “Acabo de hablar con ella, lo acabo de ver, estaba trabajando”.
Enfrentar esto genera respuestas intensas: shock profundo, culpa por asuntos pendientes, desesperación, enojo, depresión intensa y desesperanza frente a un mundo que no se muestra seguro.
También son comunes síntomas físicos como evasión, problemas para dormir, fatiga, cambios en el apetito e incluso afecciones cardíacas. Es importante recordar que el duelo es un proceso cíclico y que todos estos síntomas pueden aparecer y desaparecer a lo largo del tiempo.
1. Date permiso de hablar de ello.
Toda esa cantidad de sentimientos puede hacerte sentir que te estás volviendo “loco”. Sin embargo, solo dándoles salida y expresando estas emociones podrás avanzar poco a poco en tu camino de duelo. En la oscuridad de la desesperación, es posible sentir que nadie te comprende o que no deseas que otros vean tu angustia, aislándote poco a poco para ocultar este dolor.
2. Date permiso de hacer lo necesario.
Déjate ayudar y acompañar en las labores de tu día a día. Es natural sentirte sin fuerzas. Haz solo lo necesario y deja otras cosas para más tarde. Date permiso de recibir ayuda, desde el mandado, bancos o trámites; esa ayuda puede ser un bálsamo.
3. Sácalo.
Si sientes que no encuentras en tus amigos un espacio de contención o hay temas que no deseas hablar con ellos, busca otros recursos que te permitan expresar lo que sientes. Por ejemplo, si hay asuntos pendientes con tu ser querido, escríbele una carta hablándole a esa persona, perdonándote y perdonándolo con absoluta sinceridad.
4. No descuides tu salud.
Atiéndete. Come, aunque no tengas ganas. Camina, respira, cuida tu cuerpo.
5. Resignifica.
Resignificar no implica olvidar ni seguir adelante. Estamos en dolor, y hay que darse el permiso de estarlo. Este es tu proceso, tu dolor. Es difícil hacer las paces con el dolor y el sufrimiento, pero abrazarlo permite que una parte de ti permanezca conectada con esa persona.
6. No temas pedir ayuda.
Pedir ayuda es estar abierto a sentirte acompañado. Me quito las sandalias para acompañarte en tu dolor, pues es un terreno sagrado. Es necesario encontrar un lugar donde puedas armar las nuevas piezas de ti y del rompecabezas en el que hoy te sientes perdido. Hacer las paces con los pensamientos, sentimientos y emociones es parte de elaborar tu duelo.
La muerte de un ser querido es una de las experiencias que más duelen y puede ser traumática, prematura, injusta y equivocada. Puede entretejer en nuestra mente pensamientos y sentimientos obsesivos.
Tómate el tiempo para vivir tu duelo, para comprender y expresar tus sentimientos, porque este es el primer paso para construir un nuevo vínculo significativo con el ser querido fallecido, basado en la historia compartida llena de amor.
Te abrazo en estos momentos de dolor y recuerda: date permiso de estar en dolor y de estar para ti.
Más sobre esta sección Más en Coahuila