Pongamos que hablo de Coahuila. ¿Cómo se explica un resultado en la elección local (desglosado en este mismo espacio el martes pasado), y otro distinto en la federal, si los ciudadanos votan en la misma casilla y le son entregadas cuatro boletas de idéntico tamaño, diferenciadas por colores para no equivocarse al momento de depositarlas en las urnas, en el mismo evento?
¿Cómo las personas tienen esa capacidad para distinguir partidos y candidatos, y votar alternadamente por diversas alternativas que aparentemente representan plataformas electorales distintas, en ese minuto que tienen para reflexionar en soledad, reivindicar una causa, participar en un performance y hacerse fotografías, todo dentro de la mampara?
Por el voto cruzado, dirían algunos. Y eso explica el acto mecanizado, pero no el trasfondo.
Sin que exista un factor único se trata del descarnado interés individual. Es un asunto de incentivos. Quién ofrece qué. Y eso es más fácil de entender que cualquier argumento elaborado. El votante ha sido capaz de identificar lo mejor a su bolsillo en ambos planos: local y federal. Sus prioridades. Es válido y así sucedió.
Para dimensionar: Morena sólo perdió 44 distritos electorales de 300 en el país. De ellos, 4 en Coahuila (el 1, 3, 4 y 5), mismos que representan el 9% de la “oposición” total. Lo anterior no es poca cosa, visto en perspectiva, considerando se trata de un estado que aporta sólo 2.5% de la población nacional.
No le fue mal, considerando que, en 17 de 32 estados, Morena ganó todos los distritos.
En la nueva conformación entrarán dos “puros”: Antonio Castro y Cintia Cuevas, por los distritos rurales de Saltillo y Torreón respectivamente. Luego está el fenómeno Borrego, quien suma ya tres elecciones consecutivas ganadas (2018, 2021, 2024) pese a tratarse de un diputado ausente, con constantes problemas de salud, conocido por un incidente cuando se le cayeron los pantalones en público y quedó registrado en video.
Jericó, por su parte, es la cuarta vez que gana un distrito de Saltillo para el PRI. Todas por mayoría. Acaso sin así desearlo se ha especializado como legislador. Los resultados en el nuevo distrito, 8 de Ramos Arizpe, fueron condicionados por su caprichosa distribución y especialmente la migración del sur del país que ahí se asienta. Asimismo se proyecta, luego del conteo distrital, que Mejía Berdeja no alcance una diputación plurinominal por el PT en la circunscripción II.
Desde que inició el obradorato, el registro federal en Coahuila es el siguiente: en 2018 fueron 3 diputados para Morena-PT, 2 para el PAN, 1 para el PRI y 1 más para Nueva Alianza. En 2021 el PRI logró 5 contra 2 de la coalición Morena-PT-Verde, y en 2024 se dividió la conformación, ya con un distrito extra: 4 para el PRI-PAN-PRD, y 4 para Morena-PT-Verde.
En cuanto al Senado, a Miguel Riquelme, ex gobernador de Coahuila, le sucedió una circunstancia que se repitió en Nuevo León; perdió el invicto que mantenía hasta entonces como candidato, por una diferencia mínima de votos que significan 1.5%, entre un universo de un millón 500 mil según el PREP (a la espera del conteo distrital del 65% de las casillas que confirme o deniegue lo anterior, pues la ventaja puede aumentar o disminuir gracias a irregularidades e inconsistencias).
Le sucedió lo mismo que a otros ex gobernadores que compitieron: Ramírez Acuña en Jalisco, Rolando Zapata en Yucatán, Yunes Linares en Veracruz y Manlio Fabio Beltrones en Sonora.
Existen coincidencias que causan extrañeza. Por ejemplo Miguel Márquez, otro ex Gobernador, de Guanajuato, perdió la votación al Senado en aquél estado pero la candidata a gobernadora por su propio partido, Libia Denisse García, ganó, revalidándolo para el PAN.
En Jalisco pasó lo mismo: la fórmula de Morena consiguió la senaduría, sin embargo Movimiento Ciudadano mantuvo para su causa la entidad con Pablo Lemus. Ellos como Coahuila resistieron en lo local pero cedieron en el plano federal. Apostaron al mal menor. Aguascalientes, aliado de Coahuila, también en el Bajío, ganó senaduría y en general todo para el PAN.
Cortita y al pie
En 2022 se publicó aquí una serie de similitudes entre Turquía y México a partir del análisis del libro Cómo perder un país; los siete pasos de la democracia a la dictadura, de la autora turca Ece Temelkuran (1973), publicado por Editorial Anagrama en 2019.
El régimen de Erdogan (en el poder desde 2003, inicialmente como Primer Ministro y luego como Presidente), presenta importantes coincidencias con el Movimiento de Regeneración Nacional, la “cuarta transformación” y la Presidencia de México. Particularmente por lo que hace al auge del populismo y la destrucción de la democracia. Sin exageraciones.
Todo régimen, sin excepción, empieza a construir su ciudadano ideal manipulando, es la tesis principal. Los seres humanos son incapaces de funcionar y de convivir sin un relato que los vincule. Mientras el modelo sea rentable, “el líder puede contar con un clima político en el que cada vez menos personas cuestionan el desmantelamiento del sistema legal y en el que resulta cada vez más fácil calificar de terroristas a quienes lo hacen”.
“El único truco importante que tiene que dominar el líder populista consiste en hacer creer a sus partidarios que rechaza a los esnobs elitistas y sus medios de comunicación. Y lo hace incluyendo a dichos medios en su definición de la élite política, a la que posiciona como un oponente pese al hecho de que son precisamente los medios quienes posibilitan su conexión con esas masas”.
Lo curioso del caso es que la autora inadvertidamente llega al punto y probablemente sin saber de nuestra existencia en el mundo. Escribe que todo nace con un “movimiento” que usa como combustible los rencores, un victimismo fabricado, y una red de apoyos sociales que lucra con la pobreza. Quienes lo encabezan se autodenominan “el pueblo real”: los virtuosos que llegan a cambiar por completo el sistema corrupto.
Intoxicada por el líder del movimiento, la gente actúa en contra de sus propios intereses y adopta una actitud vengativa hacia grupos que poco tienen que ver con sus problemas, creyendo en un hombre por el solo hecho de que, en apariencia, “es uno de ellos”.
“A partir de ahí, las siguientes elecciones se convierten en una mera formalidad, una simple cuestión de aprobar el derecho del líder a seguir manejando el país y distribuyendo la riqueza pública expoliada entre sus partidarios”.
La última y nos vamos
Y así ocurrió. Lo amenazaron como Plan C: el desmantelamiento de las instituciones autónomas gracias a las mayorías calificadas en ambas Cámaras (o sea el pueblo representado). Eso se prometió. Por escrito incluso en un documento denominado “100 pasos para la transformación”. Y se votó en consecuencia por ello: por un cambio de régimen.
El informe del Latinobarómetro 2023 (mismo que identificó la región se encuentra más propensa que nunca al populismo, la autocracia y el autoritarismo) les llama electo-dictaduras.
La democracia es el único sistema que permite su autodestrucción por la vía democrática. Bienvenidos.
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