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Coahuila

¿Cómo procesamos un evento traumático?

Por María José César

Hace 15 horas

Todos sufrimos en un momento u otro. En todo momento surgen situaciones que nos afectan de forma negativa. Sin embargo, el hecho de que sigamos sintiendo dolor mucho tiempo después de la experiencia negativa se debe a que el “cableado” de nuestros cerebros está influyendo en nuestras mentes. Por eso quería que esta semana habláramos de lo difícil que es hablar de nuestros traumas.

La manera en la que nuestro cerebro procesa la información emocional y cómo el sistema innato y adaptativo se bloquea ante experiencias aparentemente menores nos hace ver que ese evento “nos marcó” o nos “dejó huella”. Estos recuerdos bloqueados interfieren en la forma en la que vivimos nuestro presente, en la forma en la que reaccionamos y en la que funcionamos.

Hace unos meses comencé a estudiar Bilateral Unlock, una terapia creada por Gaby Ruiz que tiene sus bases en herramientas terapéuticas y va muy de la mano con la terapia EMDR, creada por Francine Shapiro. Aprender a autorregularnos cuando nos viene un ataque de pánico o ansiedad, mejorar la calidad de nuestros pensamientos cuando sostenemos ese recuerdo hiriente o se nos activa ese sensor de alerta que nos mantiene con el cortisol elevado, es fundamental en estos procesos.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), el trauma se define como “cualquier situación en la que una persona se vea expuesta a escenas de muerte real o inminente, lesiones físicas graves o agresión sexual, ya sea en calidad de víctima directa, cercano a la víctima o testigo”.

Aquí se pueden considerar eventos como situaciones de guerra, terremotos o desastres, violaciones, abuso, robos, secuestros, actos terroristas, presenciar un suicidio, violencia vicaria, acoso escolar o laboral (mobbing), o ser hijo de un padre o madre con adicción. Todo aquel evento que haya sido extremo, duradero o que nos sobrepase puede derivar en trastorno de estrés postraumático.

Se manifiesta cuando se vuelven a experimentar eventos en el presente en forma de recuerdos, flashbacks, pesadillas, miedo o sensaciones físicas. También cuando se evitan pensamientos y recuerdos del evento, actividades o personas relacionadas con él, y cuando persiste la percepción de amenaza, viviendo desde la hipervigilancia.

Existe una respuesta a nivel cerebral. Cuando tratamos de hablar de nuestros traumas, la amígdala comienza a enviar señales de alerta y nos preavisa —de forma inconsciente— de que existe un peligro, porque estamos viendo, oliendo o imaginando estímulos que nos recuerdan al evento traumático.

En consecuencia, se activa el área de Brodmann, haciéndonos sentir como si estuviéramos viviéndolo de nuevo. De manera paralela, durante este flashback o recuerdo sensorial, el área de Broca (la que se encarga del habla) se desactiva, y por eso, cuando recordamos nuestros traumas, estos cambios en el cerebro complican mucho la capacidad de contarlos.

Para poder transitar estos síntomas y volver a conectar el guion narrativo del trauma (hablar de nuestros traumas) con el recuerdo sensorial (imágenes, olores y sonidos), es necesario recurrir a tratamientos empíricamente validados, como el EMDR, la terapia cognitivo-conductual focalizada en el trauma o la terapia narrativa.

Si estás atravesando síntomas porque viviste o estás viviendo una experiencia traumática que es un conflicto latente hoy en tu vida, te invito a encontrar recursos para manejarlo.

Te recomiendo el libro “Supera tu pasado”, de Francine Shapiro, donde aprenderás diversas técnicas como la del lugar seguro, la del cambio en la respiración y la del personaje de dibujos animados, entre otras.

Todo esto —lecturas, respiraciones y la terapia acompañada regularmente por un especialista en EMDR o trauma— te permitirá atravesar los procesos complejos derivados de un evento adverso. Porque sí es posible volver a vivir en libertad y sentirte a salvo.

No estás solo. Busca ayuda y date el permiso de ser sostenido para atravesar esto.

Te abrazo muy fuerte.

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