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Cómo vivir lejos de casa

  Por Leticia Espinoza

Publicado el lunes, 29 de diciembre del 2008 a las 16:00


En Ontario, Cintia tuvo la oportunidad de convivir con gente de todo el mundo

Saltillo, Coah.- Llegar a un país donde no se conoce a nadie es difícil, sobre todo cuando se tienen que anteponer las reglas del nuevo país a las que van contra la propia ideología, la cuestión es adaptarse, ponerse en los zapatos de los demás porque nunca se sabe cómo reaccionarán, pues algunos actos pueden costar mucho, menciona Cintia Contreras al conversar sobre su estancia en Canadá.

Por un programa de la Universidad Autónoma de Coahuila, Cintia llegó a Toronto, Ontario, donde trabajó en cuatro empleos en los cuales convivió con una mezcla de cultura, personas de Sri Lanka, Grecia, China, de la República Checa, India, incluso filipinos y judíos.

Explica que para sobrevivir y adaptarse a otro país primero que nada se debe tener mucha paciencia consigo mismo, porque hay que aprender que las cosas no funcionan como en México; en segundo lugar llevar una mentalidad abierta a las ideas, pues cada quien tiene otras costumbres, empezando con el idioma, aunque el general sea el inglés.

“Tienes que ponerte en su lugar, porque tienen una religión diferente. En el caso de uno de mis jefes que era judío, la compañía seguía su tradición, incluso nosotros no suspendíamos actividades al menos que fueran parte del calendario judío”, relata Cintia.

CONOCIÓ A FILIPINOS

Recordando el caso de la joven saltillense que murió presuntamente por venganza en manos de filipinos en Manila, menciona que es diferente llegar a estos países que a Canadá, donde ya existe una mescolanza de razas.

Relata que en su estancia conoció un joven filipino que llegó con su familia huyendo de la crisis económica que yacía en su país, y de entonces a la fecha él tenía viviendo cerca de 10 años en Canadá, quizá por ello se sentía más atraído por dicha tierra. “Él me preguntaba: ‘¿tú qué sientes cuando ves más mexicanos aquí?’ Yo le decía que mucho gusto, y el contestaba ‘Ay no, yo siento raro ver a filipinos, no me gusta’, pero no sé por qué lo decía”.

Para ella lo difícil no fue aprender a relacionarse pero en un principio su preocupación fue encontrar un empleo y una casa, puesto que el programa sólo constaba en el permiso para trabajar allá.

“Sí llevaba mí permiso, pero recuerdo que ya llevaba tres noches en un hostal sin conseguir un empleo ni casa, el problema era que fui en invierno. Estábamos a menos 20 y estaba nevando, así que era difícil salir sin conocer, y además con el idioma inglés a medias, porque no es lo mismo practicarlo allá”, señala.

EL LAZO FAMILIAR

En unos cuantos meses se conocen muchas cosas, algunas negativas que afectan el estado de ánimo sobre todo al principio: “no conoces a nadie y no tienes a quien platicarle lo que te pasa, y si eres muy solitario, más porque hay cosas que no les platicas tus papás para que no se preocupen, te frenas y no les cuentas”, explica la entrevistada.

Aun así, la experiencia es inolvidable no sólo por lo que vivió, sino porque en Canadá se dan muchas facilidades para entrar al país.

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