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| El conflicto entre EU-Israel e Irán representa una fuerte amenaza para la industria automotriz por el encarecimiento energético y de las materias primas

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Complica guerra rutas por mar y golpea a automotriz; en riesgo, cadenas de suministro

  Por Grupo Zócalo

Publicado el jueves, 5 de marzo del 2026 a las 04:14


Sufre industria de Norteamérica, Europa y Asia por disparo de energéticos y caos en el Estrecho de Ormuz

Abu Dhabi.- La escalada del conflicto en Medio Oriente ha comenzado a impactar directamente algunos de los pilares invisibles de la industria automotriz global: la estabilidad del transporte marítimo y del suministro energético. Tras ataques militares y represalias que llevaron al cierre práctico del Estrecho de Ormuz, uno de los corredores logísticos más críticos del planeta, la industria automotriz enfrenta un nuevo episodio de disrupción sistémica que podría extenderse a lo largo de 2026.

El estrecho -ubicado entre Irán y Omán- transporta aproximadamente una quinta parte del petróleo consumido mundialmente y cerca del 22% del gas natural licuado global, convirtiéndose en un punto de estrangulamiento cuya interrupción repercute inmediatamente en costos energéticos, logística internacional y cadenas de suministro industriales.

 

Un vínculo invisible

Para muchos ejecutivos automotrices, el Estrecho de Ormuz parece geográficamente distante de las líneas de ensamble. Sin embargo, su influencia es directa. La manufactura automotriz moderna depende intensivamente de energía en prácticamente todas sus etapas: fundición de acero y aluminio, estampado, pintura, mecanizado y ensamblaje. Un incremento abrupto en los costos energéticos se traduce rápidamente en mayores costos de producción a lo largo de toda la cadena.

El impacto no se limita a combustibles. Entre 150 y 200 kilogramos de cada vehículo moderno corresponden a componentes plásticos derivados de petroquímicos como etileno y propileno, cuyos precios están directamente ligados al petróleo y al gas natural. Analistas estiman que un escenario prolongado podría elevar los costos de materias primas petroquímicas entre 15% y 25%, generando presiones financieras significativas para fabricantes con volúmenes de producción elevados.

El caucho sintético, base de neumáticos, sellos y mangueras, también sigue la misma lógica: cuando sube el petróleo, sube el costo del vehículo completo.

 

Logística bajo presión

El impacto inmediato más visible se encuentra en el transporte marítimo. Aproximadamente 170 buques portacontenedores, con una capacidad combinada cercana a 450 mil TEUs, quedaron atrapados o desviados tras la caída de hasta 70% del tráfico marítimo en la zona.

Navieras globales como Maersk, Hapag-Lloyd, MSC y CMA CGM suspendieron tránsitos por la región, mientras puertos estratégicos del Golfo -incluyendo Jebel Ali en Dubái, Shuaiba en Kuwait y terminales en Qatar y Bahréin- registraron interrupciones operativas.

La alternativa logística inmediata consiste en rodear África por el Cabo de Buena Esperanza, una decisión que añade entre 10 y 14 días adicionales de tránsito para rutas entre Asia, Europa y América.

Para una industria basada en inventarios ajustados y producción just-in-time, ese retraso equivale a una transformación operativa completa. Plantas automotrices en Europa, Estados Unidos y México podrían comenzar a sentir retrasos en componentes asiáticos en cuestión de semanas.

 

Asia, muy vulnerable

El impacto no será uniforme entre regiones. La exposición sigue casi exactamente el mapa de dependencia energética. Japón importa cerca de 90% de su petróleo, gran parte transitando por Ormuz. Corea del Sur obtiene aproximadamente el 70% de su crudo del Golfo. India depende casi en un 50%. China, destino final del 84% del petróleo que cruza la región hacia Asia, enfrenta la mayor exposición sistémica.

Esto coloca a fabricantes como Toyota, Nissan, Honda, Hyundai y múltiples proveedores asiáticos en una posición particularmente vulnerable frente a aumentos energéticos y retrasos logísticos simultáneos.

Para la industria automotriz instalada en México, representada por más de 2 mil 300 plantas desde OEM hasta Tier 1, 2 y 3, el conflicto representa un recordatorio de la fragilidad estructural de las cadenas globales.

En paralelo, el escenario refuerza una tendencia ya visible: la regionalización de cadenas de suministro y la relocalización acelerada como estrategia de mitigación geopolítica.

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