Las oposiciones y los grupos de presión se percataron demasiado tarde de la importancia de las elecciones de 2024, que le permitieron a Morena conservar el poder, al menos, seis años más. El PAN, el PRI, los medios adversos y las élites hicieron poco o nada para evitarlo. ¿Cómo esperaban otro resultado si en vez de ajustar agendas, corregir errores y escuchar las demandas de la sociedad se mantuvieron distantes y se hablaron solo a sí mismos y a sus incondicionales? La soberbia les hizo perder perspectiva y les impidió prever, o fingieron demencia, el triunfo de Claudia Sheinbaum, cantado de antemano. La inacción y la repetición de fórmulas gastadas les pasó factura.
La apuesta por el voto de castigo a la 4T y su caudillo, Andrés Manuel López Obrador, perdió frente al voto retrospectivo. “Si la ciudadanía considera que el Gobierno ha sido eficaz y ha mejorado las condiciones de vida, tienden a recompensar a ese partido con la renovación de la confianza en las urnas. Por el contrario, si sienten que la Administración ha sido incompetente y corrupta, la castigan votando por la oposición”. Así lo explica Karolina M. Gilas, miembro del Equipo de Investigación del Observatorio de Reformas Políticas de América Latina en un texto publicado en vísperas de los comicios (Proceso, 31.05.24).
Claudia Sheinbaum iniciará el segundo año de su mandato el 1 de octubre. La percepción de su Gobierno, en general, es positiva. El 58.1% de la población opina que la Presidenta superó las expectativas, dice la encuesta reciente de Mitofsky para El Economista, no obstante que los logros (24.1%) son menores que las fallas (24.5%). Los votantes “toman en cuenta indicadores concretos de desempeño, pero los interpretan mediante sus propias experiencias y expectativas. (…) aquellos que logran comunicar efectivamente cómo sus políticas mejoran la vida de la gente común, no solo en teoría, sino en la práctica percibida, tienen mayor probabilidad de ser recompensados con el apoyo en las urnas”, advierte Gilas.
En ese contexto, las oposiciones y sus aliados mediáticos y económicos recurren a la confrontación como único medio para restarle fuerza a la Presidenta, sin resultados a la vista. El PAN intenta salir del marasmo político y la situación en el PRI, bajo la presidencia de Alejandro Moreno, empeora cada día. La mayoría calificada de Morena, PT y Verde en el Congreso sofoca a las demás fuerzas y evita que incidan en la agenda legislativa. Esta situación da lugar a actos de provocación como el registrado en la última sesión de la Comisión Permanente, cuando Moreno agredió al senador Gerardo Fernández Noroña.
El punto débil de la Administración de Sheinbaum es la inseguridad y la violencia relacionada con los cárteles de la droga. El problema se focaliza en algunos estados, pero su sobreexposición en los medios de comunicación y en las redes sociales genera angustia social.
En la encuesta de Mitofsky, el 9.7% señala como “principal falla” del Gobierno no combatir la delincuencia. Las oposiciones y sus socios utilizan esa bandera para erosionar a la 4T y obtener réditos políticos —como igual lo hacía Morena antes de ganar la Presidencia— no tangibles todavía. Sin escándalos mayores que explotar, los enemigos de la 4T inflan temas como el de la casa de Fernández Noroña en Tepoztlán, valuada en 650 mil dólares (12 millones de pesos). “Es linchamiento mediático”, dice la Presidenta. No se equivoca. Para los bienpensantes, Noroña también es “un peligro para México”.
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