La coalición Va por México perdió la batalla por el presupuesto en las elecciones de junio, cinco meses antes de su aprobación en el Pleno de la Cámara de Diputados con 274 votos a favor y 214 en contra. Los amagos del PRI, PAN y PRD con frenar la reforma eléctrica si el gasto federal no tomaba en cuenta sus propuestas, sonaron a chantaje, pero no cambiaron ni un ápice el proyecto de la cuarta transformación. El presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció a la coalición legislativa de Morena, PT y Verde por haberse puesto del lado del pueblo y no de las minorías privilegiadas de siempre. “A dormir con la conciencia tranquila”, publicó en sus redes sociales tras la votación concluida en la madrugada del 14 de noviembre.
El diputado coahuilense Jericó Abramo (PRI) participó en las negociaciones de los tres últimos presupuestos del presidente Peña Nieto como secretario de la comisión respectiva. Esta vez, desde el bloque opositor, informó en sus redes sociales sobre la evolución del proceso y sus participaciones en la tribuna de la Cámara baja. Hasta el final albergó la esperanza de reorientar el gasto en algunos ramos. Para no dejar duda acerca del sentido de su voto, insertó una fotografía del tablero donde aparece su nombre: “Fue en contra de un presupuesto que abandona al campo mexicano, a la ciencia y la tecnología, a las mujeres, a la infraestructura para el desarrollo, a las MiPymes, a la vivienda, a los pueblos mágicos”. La lucha seguirá, advierte.
Morena y sus satélites hicieron lo mismo que el PRI y los suyos durante 70 años, mientras tuvieron mayoría (casi siempre calificada) en el Congreso: darle gusto al Presidente y alinear el presupuesto a un plan sexenal. El PAN no pudo hacerlo en los periodos de Vicente Fox y Felipe Calderón, pues las oposiciones dominaban la Cámara de Diputados y el Senado. La circunstancia los obligó a ceder a las presiones del PRI, el PRD y de sus respectivos gobernadores. Las reformas constitucionales y los presupuestos de Peña Nieto los votaron el PRI, PAN y PRD, agrupados en el Pacto por México, con la oposición de Morena, en la LXIII Legislatura.
Si el presidente López Obrador hubiera incorporado una parte del “presupuesto alternativo” para granjearse el voto de la coalición Va por México en favor de la reforma eléctrica y otras en materia política y de seguridad (Guardia Nacional), habría incurrido en las prácticas de Fox, Calderón y Peña, que tanto ha criticado: ceder al chantaje. También habría mostrado debilidad. AMLO ha preferido mantenerse en la ruta de la confrontación con sus adversarios políticos y mediáticos para cerrar el sexenio con los cambios pendientes aun sin tener la mayoría calificada que la Constitución exige.
El presupuesto 2022 representa una nueva derrota para los partidos tradicionales (PAN-PRI-PRD) y sus aliados en los grandes medios de comunicación, las cúpulas patronales y las corporaciones extranjeras. Las oposiciones no solo no han generado liderazgos creíbles, democráticos y cercanos a la población para recuperar terreno en las próximos elecciones, también están divididos y desnortados. La situación de Alejandro Moreno (PRI) y Marko Cortés (PAN) es tambaleante por su falta de autoridad y la demanda de sectores inconformes que exigen su renuncia. Mientras tanto, las encuestas mantienen a Morena como favorito en cinco de los seis estados donde habrá cambio de gobernador en junio próximo.
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