Seguridad
Por
Luis Reyes
Publicado el jueves, 22 de enero del 2015 a las 16:10
Saltillo, Coah.- Son 18 años de su vida los que Martín Quirino Madrid ha estado preso, aunque le faltan otros 18 para completar la pena de prisión a la que fue sentenciado por el delito de homicidio calificado; nunca imaginó parar en la cárcel, ya que no tenía antecedente delictivo alguno, su vida había sido siempre tranquila.
Sin embargo lo responsabilizaron de la muerte de su suegra en hechos poco claros que ocurrieron ya hace casi 20 años en un pequeño y apacible pueblo del semidesierto de la entidad.
Esa vez Martín, de 50 años, se encontraba en estación Oro, rumbo al poblado de Sierra Mojada, y discutía en su casa con su mujer y en el intercambio de reclamos llegaron hasta la calle, en donde unos vecinos se entrometieron y de las palabras pasaron a los golpes.
De repente el ahora interno se vio asediado por cuatro o cinco personas y en la “bola” resultó lesionada su suegra con una herida de navaja en la frente, que no era de consideración, pero a los tres días murió.
Luego del incidente y para aclarar los hechos Martín se entregó a las autoridades, convencido de que no había herido a la mujer y que nada debía, pero luego la situación se complicó con el deceso de la persona y fue responsabilizado de los hechos.
Acepta que portaba un cuchillo, pero que sólo fue para defenderse, ya que eran varias personas contra él.
El interno se dedicaba al único trabajo que podía encontrar en aquella desolada población de la región desértica de Coahuila, que era en el ferrocarril, en específico a labores de mantenimiento, luego su vida daría un vuelco de 180 grados.
Al principio el encierro le pesó al reo, por lo que decidió enfocarse en diversas actividades como el trabajo y estudio, luego los días se le hicieron más llevaderos.
En entrevista desde la biblioteca del Penal, el interno dice que no tiene problemas con nadie, que tiene buen comportamiento y que además se dedica a trabajar en la carpintería.
El reo es “güero” o de tez muy blanca, viste un pantalón de mezclilla lleno de polvo de madera.
Con orgullo menciona que construyó los estantes de madera que contienen los libros que hay en la biblioteca del lugar; son varios los libreros, además son grandes.
Debido a que le extraviaron sus certificados escolares, en prisión volvió a realizar sus estudios de primaria y secundaria, además ha participado en diversos cursos como computación, electricidad y electrónica, entre otros.
Sólo no ha podido hacer deporte por un problema de salud que tiene y por el cual está a punto de ser operado.
En total ha recibido cuatro beneficios de reducción en su condena que suman siete años, y ahora anda arreglando y a lo mejor este año puede irse en libertad.
En tanto, la vida afuera pasó, las tres niñas que tenía cuando ocurrieron los hechos ahora se convirtieron en mujeres y se casaron, está interesado en encontrar una relación para formalizar su vida.
Lo que más extraña de afuera, aparte de sus hijas, es laborar para forjarse un mejor presente y futuro en su vida.
Al salir quiere regresar a su trabajo en el ferrocarril, aunque en la capital del estado para que le tomen en cuenta los 15 años que lleva de labor y luego de otros años más poder jubilarse.
ch
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