En la experiencia coital, en esta coitocracia en la que vivimos, es muy importante que seamos conscientes de que el condón es inamovible y debe ser parte de nuestra realidad sexual. Si alguien en casita está suspirando tranquil@ porque está casado, monógamo y fiel como les dijeron en la iglesia que debía ser, no tan rápido compañer@s, porque la monogamia no es ninguna garantía de que no vayan a adquirir una infección de transmisión sexual. Una pareja siempre es una cuestión de fe, y en cuestiones de infecciones de transmisión sexual, no debiésemos de confiarnos. El señor casado que en la fiesta de la oficina se acostó con una compañera que se está “cuidando” y por eso no usan condón, van a llevar ambos un itacate a su casa tras la reunión y de esas historias está repleta la consulta sexológica, ginecológica y médica. No hay frase más dudosa en la historia que la de quien asegura que está “limpio o limpia”.
Por las razones machistas de: “no siento nada”, “me aprieta”, “soy fiel” o “estoy limpio”, más otras mentiras que se dicen a sí mismos, los señores no privilegian el uso de este método de barrera que existe desde que la inteligencia humana desarrolló herramientas para el cuidado del cuerpo, en particular contra las infecciones de transmisión sexual.
Entonces de lo que conocemos a través de la historia sobre la protección del pene en contra de las infecciones de transmisión sexual, es ancestral. En varios textos se menciona a la gruta de Combarelle en Francia, como uno de los sitios en donde se evidencia que pudiese haberse usado una especie de protección en el pene, pero es un dibujo de un señor con una erección. En todas las culturas hay nociones del condón: en Egipto, había vainas que cubrían el pene, los musulmanes incorporaron los intestinos de animales, en varias culturas se usó el lino, después con el invento del caucho, el hule se convirtió en algo reciclable y lavable.
Y la pregunta ahora es: ¿si los condones existen desde hace miles de años y han servido para proteger a las personas de las infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados, porque los hombres se rehúsan a usarlos siempre?
Es un asunto machista definitivamente, esa negación a usar condón en el acto sexual, pero sobre todo también es un acto de irresponsabilidad. Asumir la parte que les toca en la actividad sexual es fundamental, pero también con respecto a la reproductividad e infecciones de transmisión sexual. En pocas palabras no solo se debe cuidar una mujer, y si no pueden comprar condones, pueden solicitarlos en una clínica de salud pública porque son gratis, así como el lubricante.
Los condones externos, que se ponen en el pene erecto, son solo uno de los métodos de barrera existentes para el cuidado del intercambio de fluidos, ya que existe también el poco conocido y publicitado condón interno, que se coloca dentro de la vagina, y que es una de las opciones más viables para usar barrera, si la pareja masculina no desea usarlo. También hay condones especiales para las penetraciones anales, así como películas protectoras para los genitales y el ano para el sexo oral y dedales. La mayoría de estos productos ahora están hechos a base de silicón, látex y su sofisticación, modernización y avances tecnológicos están en constante evolución. Los mejores disponibles: aunque no lo crean, el sector salud da unos muy buenos y también los Trojans (el que sea). El año pasado se anunció el condón unisex, Wondaleaf, que es una opción interesante. Usar condón es un acto de amor.
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