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Redacción
Publicado el miércoles, 28 de enero del 2015 a las 15:00
Saltillo, Coah.- El pasado 12 de diciembre, Juan Hernández Veloz conducía su camioneta en estado de ebriedad por la colonia Rincón de Guadalupe. Dice que se confundió, que pisó el acelerador en lugar del freno y terminó por arrollar a la señora Jazmín Villela y a su hijo Alexis. Un accidente que le costó la vida de inmediato al pequeño de 6 años y tras 16 días de agonía, también a la señora de sólo 28 años.
El caso aún sacude a la sociedad saltillense, con el agravante de que el responsable está sujeto a proceso pero en libertad, lo que alimenta la llama de la indignación de algunos sectores que se sienten agraviados por lo que interpretan como una falla grave en el sistema de procuración de justicia.
El caso es ciertamente dramático, pero no es único o aislado. En la región se registran cotidianamente casos en los que personas que consumen bebidas alcohólicas se atreven a conducir vehículos, con el riesgo que implica para su propia integridad física y para la de los demás.
Como sociedad no podemos permanecer apáticos o ajenos a una situación que potencialmente nos pone en peligro a todos. Es necesario debatir a profundidad qué podemos hacer, cada quien desde su respectiva trinchera, para inhibir a las personas que deciden conducir pese a haber consumido bebidas embriagantes; sancionar con mucha mayor dureza a quien lo haga y concientizar a la población en general de que el binomio alcohol-volante es simplemente criminal.
Soluciones viables por conductores ebrios
El número de saltillenses que conducen por calles y avenidas en estado de ebriedad significa un problema que nos debe preocupar, y ocupar a todos. No resulta admisible bajo ninguna perspectiva, agregar a la suma de nuestros problemas el hecho de que un número considerable de vehículos circulen en calidad de armas cargadas, que en cualquier momento le pueden costar la vida a quien simplemente se encuentre en el camino de algún irresponsable.
Zócalo Saltillo convoca a la sociedad en su conjunto, a representantes de sectores, a autoridades de los tres poderes y académicos, a buscar entre todos soluciones viables para que nunca más, una joven madre y su pequeño tengan que pagar con su vida la tolerancia social hacia aquellos que deciden conducir bajo los efectos del alcohol, la falta de severidad en las leyes y reglamentos que en teoría lo prohíben y la inoperancia en las instituciones encargadas de velar porque así sea.
Conocemos el problema; qué es lo que realmente sucede… es tiempo de buscar una solución definitiva.
CH
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