Arte
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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 2 de octubre del 2021 a las 04:27
Ciudad de México.- La Bienal Tlatelolca (BT) despliega 11 obras que indagan en temas vinculados con la historia de la que fuera la ciudad gemela de Tenochtitlan para ligarlos con el arte contemporáneo en la exposición Una vasija dentro de un cántaro, albergada en la Central de Maquetas, en la Torre 5 de Febrero del Conjunto Habitacional.
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Mucho del trabajo que se puede ver aquí tiene un sentido histórico y hace referencia a la conmemoración de los 500 años de la caída de Tlatelolco y lo que ello representa, pero no es una exposición historiográfica: se planta desde lo contemporáneo, pero retomando estos contextos históricos”, explica Balam Bartolomé, promotor junto con Antonio Bravo de la BT, un proyecto apoyado por el Patronato Arte Contemporáneo (PAC).
La artista Victoria Núñez Estrada, por ejemplo, a partir del análisis de documentos arqueológicos, se pregunta cuáles serían los objetos actuales que en un futuro podrían convertirse en posibles vestigios y, recolecta, entre otros, un columpio roto.
Además de Nuñez Estrada y Bartolomé y Bravo, quienes también participan en la muestra, la curaduría reúne también piezas de María Cerdá Acebrón, Dulce Chacón, Erik Tlaseca, Roberto Tondopó, Antonio Monroy y Laura Valencia Lozada, así como los dúos conformados por Arturo Hernández Alcázar y Juan Pablo Villegas y Lina Mazenett y David Quiroga, o simplemente Mazenett y Quiroga.
El título de la exposición, Una Vasija Dentro de un Cántaro, refleja la comprensión de la cultura “como un eco que resuena en otro, un contenedor habitado por muchos continentes, lo que ha derivado en la construcción del mundo contemporáneo”, señalan los gestores de la bienal.
La mayoría de los artistas convocados desarrollaron residencias in situ y se acercaron al territorio tlatelolca y a sus habitantes como parte del proceso para sus obras.
Se buscaba, dice Bartolomé en entrevista, ampliar las perspectivas históricas, a lo largo de los años, sobre Tlatelolco, que suelen cincunscribirse, hablando de tiempos recientes, a la matanza del 2 de octubre de 1968.
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Era irnos más hacia atrás, pensando a Tlatelolco esencialmente como un centro de intercambio, un centro cultural y, sobre todo, un centro de generación de conocimiento, por eso para nosotros es tan importante recuperar la figura del tlacuilo prehispánico, que eran ‘artistas’.
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No existía esa figura, pero ahora los entenderíamos como tales, y debían tener un conocimiento ampliado de lo que sucedía en su tiempo, y (fueron) quienes se encargaron de hacer, bajo la dirección de fray Bernardino de Sahagún, la Historia general de las cosas de la Nueva España”, indica.
Los artistas, en esta bienal, que permanecerá en exhibición hasta el 12 de octubre, se convierten entonces en tlacuilos, que en náhuatl significa “quien escribe pintando”, y los que colaboraron en el proyecto artístico –antropólogos, cocineros, biólogos, arqueólogos y vecinos– son informantes, como los colaboradores de De Sahagún.
Una vasija dentro de un cántaro apuesta, también, por trascender el esquema de las instituciones de arte en las cuales un curador en jefe decide, escoge e ilustra, muchas veces, ideas propias con el trabajo de los creadores, pero aquí se trata de abordar esa labor de una manera más orgánica, “y casi diría: afectiva”, enfatiza Bartolomé sobre la muestra.
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