Saltillo

Publicado el sábado, 4 de abril del 2026 a las 04:30
Saltillo, Coah.- Entre el bullicio de un día de visita el patio del Centro de Reinserción Social Varonil de Saltillo, donde las historias suelen estar marcadas por el error y la condena, también hay espacio para la fe, el arrepentimiento y la esperanza.
Ahí, entre bardas, torres de seguridad y miradas que cargan culpas, Juan Felipe Moreno Rubios ha encontrado una forma de redención: encarnar a Jesús en el Viacrucis que cada año se representa al interior del penal.

Presencian acto de fe
Bajo un cielo despejado, 27 internos emularon la Pasión del Cristo, personificando a los apóstoles, nazarenos, a Verónica y las mujeres de Jerusalén; a los soldados del ejercito romano y a Jesús.
Los participantes rodearon el patio central del reclusorio representando las 14 estaciones de la pasión para después dar paso a la crucifixión de Jesús que fue presenciada por visitantes y compañeros de celda.
Su Viacrucis personal
Lejos de ser sólo una recreación, el Viacrucis dentro del penal se convierte en un espejo. Así como Jesús cayó y se levantó, Juan Felipe cree que cada persona tiene la oportunidad de hacerlo. “Dios nos enseña a levantarnos una y otra vez”, dice.
Con la mitad de su sentencia por cumplirse próximamente, no pide a Dios libertad, sino tiempo y fortaleza para seguir transformando su vida. Su mayor anhelo no está fuera de los muros, sino en lo que hará cuando los cruce: retomar el camino de la fe, reconciliarse completamente con su familia y no volver a caer. Porque en ese espacio donde muchos ven castigo, él ha encontrado propósito. Y en su Viacrucis personal, como en el de Cristo, la historia no termina en la caída… sino en la esperanza de redención.

Perdido en el camino
Sin embargo, como él mismo reconoce, las tentaciones lo desviaron:
Las drogas, los vicios y las malas compañías lo llevaron a una vida que terminó por lastimar profundamente a su familia… y a sí mismo.
Hoy, tras reencontrarse con Dios dentro del penal, Juan Felipe habla de una segunda oportunidad.
Recuerda conmovido el momento en que su padre estuvo al borde de la muerte; desde su celda, entre oraciones y lágrimas, pidió a Dios por su vida.
Ese episodio marcó aún más su compromiso espiritual, y cada paso que da cargando la cruz lo ofrece como una manda, una promesa, no por su libertad, sino por la salud y la paz de su familia.

Un dolor incomparable
La representación del Viacrucis dentro del penal no es sencilla:
Juan Felipe ha sido Jesús en seis ocasiones, convencido, incluso pidiendo que los golpes sean reales. “Quiero sentir, aunque sea un poco, lo que él sintió”, afirma.
Su espalda marcada y el cansancio físico son, para él, parte del proceso de purificación.

Busca su redención
Con 38 años y una sentencia ya dictada, Juan Felipe no evade su realidad:
Acusado de un delito grave, asegura que cargar la cruz en esta representación va más allá de un acto simbólico: es, para él, una forma de asumir su propio peso, el de sus errores y el de su historia.
De hecho, su fe no es nueva, pero sí renovada, pues desde pequeño fue creyente, incluso llegó a estudiar la Biblia con la intención de convertirse en pastor a los 21 años.
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