Arte

Publicado el martes, 28 de febrero del 2023 a las 04:00
Ciudad de México.- Aunque la labor para tener listo su más reciente libro comenzó hace sólo un par de años, el artista y arquitecto Eduardo Terrazas ubica su origen mucho más atrás.
“Cuarenta y nueve años”, responde, sonriente, cuestionado en entrevista sobre cuánto tiempo le tomó hacer Cosmos (Hirmer, 2022), volumen que recopila ejemplos y reflexiones teóricas en torno a una de las líneas de trabajo más importantes del creador nacido en Guadalajara en 1936.
Es un libro dedicado a la subserie homónima de la ya icónica Posibilidades de una estructura, investigación pictórica que emprendiera en los 70 sobre las características que permiten que una estructura se desarrolle y transforme al infinito.
De ahí surgieron varias subseries: Nueve círculos, Diagonales, Retícula y Código de barras.
“ Llegó el momento en que dije: ‘Bueno, hay que hacer una estructura que sea personal'”, cuenta el tapatío desde su hogar en la Colonia Roma, en la Ciudad de México. “Y empecé a trazar la idea de un mundo personal, un mundo mío”.
Egresado como arquitecto en la UNAM, un joven Eduardo Terrazas partió a fines de los 50 a la Universidad de Cornell, en Nueva York, para obtener su maestría. Ahí el arte comenzaría a irrumpir en su vida.
Esto gracias a una plantilla docente integrada por figuras como Alan Solomon, teórico del arte pop; John Hejduk, artista, arquitecto y pedagogo, y Robert Slutzky, pintor y escritor.
“ Se me abrió mucho el mundo”, recuerda el jalisciense, hoy de 86 años, quien posteriormente continuaría formándose en Europa.
En Roma, por ejemplo, el ambiente artístico alrededor de la Vía Margutta, célebre por sus numerosas galerías, sería de gran influencia para que comenzara a pintar.
Uno de los pasajes que determinarían su carrera fue cuando, en 1961, atendió al llamado del museógrafo Fernando Gamboa a través de la Embajada Mexicana en Italia, que solicitaba un asistente para el montaje de
“ Obras maestras del arte mexicano”, magna muestra de arte prehispánico, colonial y moderno que cautivaba Europa, y que Terrazas había conocido en el Museo del Hermitage de San Petersburgo.
“ Imagínese conocer las artesanías de México en Leningrado”, dice ahora, riendo. “Qué impacto”.
Se trataba de una época anterior a la apertura del Museo Nacional de Antropología, que se daría a la tarea de divulgar este legado.
El asombro ante la calidad y valor estético fue tal, que el artista dedicaría buena parte de su trabajo a explorar las texturas, colores y formas artesanales. Y, con el tiempo, su idea de las estructuras.
Invitado por Pedro Ramírez Vázquez, presidente del comité organizador de las Olimpiadas de México 1968, Terrazas colaboró en el diseño del logotipo de los juegos, un hito en la gráfica nacional y un trabajo que, asegura: “Me marcó la vida”.
En ese año, Terrazas formó parte del Departamento de Ornato y Diseño Urbano de la Ciudad de México, desde donde se diseñaron casetas, mamparas, postes, espectaculares y señalamientos, además de pósters, estandartes y mapas.
“ Arte y arquitectura están en el mismo tren de trabajo”, afirma. “Las dos me dieron y me dan mucho”.
Se desempeñó como director técnico del Instituto Nacional de Desarrollo de la Comunidad y de la Vivienda Popular, así como del Instituto de Acción Urbana e Integración Social; tuvo a cargo la proyección de espacios públicos en ejes viales de la CDMX, incluyendo el sistema integral de señalamientos, estructura de circulación, mobiliario, banquetas, iluminación, jardinería, setos y arbolado.
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