Arte

Publicado el viernes, 6 de febrero del 2026 a las 04:02
Ciudad de México.- La obra de la pintora española Remedios Varo (1908-1963) conserva una notable vigencia en el país, donde su imaginario surrealista cautiva todavía a las nuevas generaciones, consolidándose como uno de los legados nacionales más valorados del arte moderno.
Resguardada por el Museo de Arte Moderno (MAM) de la Ciudad de México, la colección pública más relevante de la artista catalana permite recorrer su trayectoria, desde dibujos influidos por el surrealismo europeo, hasta la madurez creativa que alcanzó en México, país donde desarrolló el lenguaje visual que la convirtió en una figura clave del arte fantástico del siglo 20.
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No sólo tenemos obra pictórica de ella, sino también dibujos preparatorios y su acervo personal que incluye cartas, escritos, la literatura que ella frecuentaba y algunos objetos personales que nos permiten adaptarnos a su universo”, dijo el curador asociado del MAM, Carlos Segoviano, en entrevista.
Para el especialista en arte, el legado de Varo es importante no sólo para pensar de forma estricta en el surrealismo como movimiento, sino en todas las derivaciones del arte fantástico.
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Remedios Varo se vincula tempranamente con el movimiento surrealista. Primero con una extensión que hay en Barcelona, y luego se acerca a algunos de los artistas en París. No obstante, el desarrollo de su carrera, la madurez artística plena, se da en México”, puntualizó Segoviano.
Integrada por 39 obras y un amplio archivo, el acervo no sólo ha permitido profundizar en el trabajo de la pintora, sino también que el público reconozca y se apropie de su magnífica obra.
En el 2000, por iniciativa de los propietarios y herederos de la colección, Anna Alexandra Varsoviano y Walter Gruen, ingresaron en comodato permanente 37 pinturas y un cadáver exquisito que la artista realizó en Francia, antes de embarcarse hacia México.
Un “cadáver exquisito” (cadavre exquis) es una técnica de creación colectiva y automática, popularizada por los surrealistas en 1925, donde varios artistas o escritores contribuyen a una obra sin conocer las aportaciones anteriores.
Un año después, Varsoviano y Gruen incorporaron La Huida (1960), una pieza clave porque es de las pocas obras que realizó en gran formato y forma parte de un tríptico.
El proceso de donación se concretó y firmó en 2002, y a partir de entonces la colección quedó bajo resguardo del MAM con el nombre de Isabel Gruen Varsoviano, pues la donación se realizó en memoria de la hija de la pareja.
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En este sentido, podemos ver plenamente el desarrollo de la carrera de Remedios Varo, desde obras tempranas como Títeres Vegetales, donde ya se experimenta con mecanismos del surrealismo, a una obra ya más madura en los años finales de los 50, principios de los 60 (del siglo 20), donde comienza a aparecer todo su universo de espacios medievales, bosques misteriosos y personajes que siempre están entre el descubrimiento científico o alguna aparición mágica”, detalló.
El gestor cultural destacó el íntimo vínculo que la pintora estableció con México, pues aunque se afirma que su obra carece de elementos mexicanistas en un contexto dominado por el muralismo, fue aquí donde la artista encontró un espacio de tranquilidad creativa que le permitió consolidar su obra.
Varo, agregó el curador, sigue abriéndose a nuevos espacios públicos, consolidando en México el legado de una artista internacional, cuya obra alcanzó en México su realización plena.
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