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Coahuila

Contra el fascismo

Por Gerardo Hernández

Hace 4 años

La ganadora del Premio Nobel de la Paz 2021, Maria Ressa, es “un ícono en la campaña para defender la democracia contra los autócratas que manipulan la opinión pública, hacen mal uso del sistema legal contra los enemigos percibidos, desatan hordas de seguidores en redes sociales contra sus críticos, que distorsionan la verdad e inundan la sociedad con noticias falsas, acusando a los que dicen la verdad de la mentira”.

Así define CNN a la periodista filipina, la cual fungió, casi dos décadas, como su reportera principal de investigación en Camboya, Indonesia, Singapur, Tailandia, Vietnam y otros países del sudeste asiático.

La prensa no es protagonista, sino testigo y difusora. “Nunca he sido noticia, pero la única razón por la que me he convertido en noticia es porque me niego a ser sellada, me niego a dejar de hacer mi trabajo como debería”, dice Ressa.

“El estado de derecho es un factor muy importante (…) fundamental para cualquier democracia. Porque si no tienen estado de derecho, entonces es un salto, un salto y un salto hacia el fascismo. Porque entonces quien está en el poder decide quién vive y quién muere, literalmente”, advierte la también Premio Mundial de la Libertad de Prensa, concedido por la Unesco (CNN Español, 08-10.21).

En México, uno de los símbolos del periodismo es Julio Scherer García. Desde Excélsior y Proceso, dio cátedra y ejemplo de libertad, independencia y humildad en un medio infectado de servilismo, arrogancia y en muchos casos de venalidad.

Elena Poniatowska, Premio Cervantes (2013), lo calificó de “periodista incendiario”. Pero más le enorgullecía ser llamado por sus colegas “la fe de erratas de la clase política mexicana” (El País, 01.12.05).

En El Vendedor de Silencio, Enrique Serna le atribuye a Scherer haber librado al país y al periodismo de una de sus peores lacras: Carlos Denegri, a quien don Julio describió como “el mejor y el más vil de los reporteros”.

Para Scherer, a quien tuve la suerte de tratar en sus oficinas de Fresas 13, “La comunicación es entre iguales, sin cargas tapadas, a la altura del espíritu. Lo que significa que el periodismo es para el hombre solitario, pero inconmovible en su última soledad, sin precio, fuera de mercado, más allá, mucho más allá de cualquier manipulación”, dijo en un simposio de comunicación en Texas (El Financiero, 01.08.15). Con esa libertad, proclamaba: “Si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos”.

El periodismo dista mucho de vivir sus mejores días. Me refiero al que investiga y se ejerce con sentido crítico e independiente y es mal visto en las altas esferas de poder político, económico y delincuencial, donde levanta ámpula por su atrevimiento y no se arredra; el que no se pavonea con ser poder, sino su antítesis.

El que parece no ser visto ni apreciado, pero cuya labor es reconocida por sus contribuciones a la democracia, la libertad y la paz. Este año, el Comité Noruego del Nobel fundó así su decisión: “Maria Ressa utiliza la libertad de expresión para exponer el abuso de poder, el uso de la violencia y el creciente autoritarismo en su país natal, Filipinas.

“En 2012, cofundó Rappler, una empresa de medios digitales para el periodismo de investigación, que todavía dirige. Como periodista y directora ejecutiva de Rappler, Ressa ha demostrado ser una valiente defensora de la libertad de expresión.

“Rappler centró la atención crítica a una controvertida y asesina campaña antidrogas del régimen de Duterte. El número de muertes es tan alto que la campaña se asemeja a una guerra librada contra la propia población de su país.

“Ressa y Rappler también documentó cómo se utilizan las redes sociales para difundir noticias falsas, acosar a los oponentes y manipular el discurso público”.

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