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Coahuila

Conversación entre amigas

Por Wendoly Villarreal Villarreal

Hace 3 años

Observando un cuadro vintage me encontré meditando sobre las cosas que nunca reflexionamos, tal vez por lo ajetreado del quehacer diario o porque simplemente vivimos sin tomar conciencia del momento social que nos rodea; seguía yo viendo de cerca este cuadro, era una pieza de 60 por 50 centímetros, el lienzo una impresión de periódicos sobrepuestos de los años 60, la llamada época de oro de los Estados Unidos, sobre ellos una silueta en blanco y negro de una mujer coronada de mariposas en colores muy vivos; es un cuadro inusual, pensé.

Hacía mucho que no recordaba a esa mujer del cuadro, mientras lo observaba dije: Me recuerda a alguien que conocí recientemente, ¿a quién?, intentaba hacer memoria y después de algunos instantes, lo supe, el 8 de este mes, estaba destinada a conocer a esa persona; imaginé que sería un día como cualquier otro, pero al final, platicando con una buena amiga de la universidad todo cambió, ahí estaba la persona que me recordaba la imagen impresa en el cuadro, a simple vista pareciera no coincidir, dos mujeres de distintas épocas, una atrapada en los 60 otra en la era moderna, pero muy parecidas entre sí.

Sobre esto reflexionaba yo en silencio mientras seguía admirando el cuadro, me recuerda mucho a ella seguía pensando, pero ¿por qué?, a primera vista era una mujer normal, ojos oscuros y atentos a los detalles, podría pasar desapercibida, pero cuando habla de inmediato capta tu atención, de esa forma me resultó muy fácil hablar con ella, pues no es de esas personas que se creen hechas a mano ni nada por el estilo, es muy cordial y asertiva al trato con los demás, de tal forma que te sientes a gusto hablando con ella.

La conversación entre amigas pasó de lo trivial a lo reflexivo en fracción de segundos, hablamos de lo endeble que es el empoderamiento de la mujer, si bien es cierto hemos caminado por un sendero borrascoso lleno de altibajos, es indiscutible que los derechos adquiridos de las minorías y en especial los de las mujeres han ido ganando terreno y visualizándose objetivamente; sin embargo su fragilidad es innegable por la manipulación de los grupos de poder patriarcal que no quieren dejar de tener sometidas a las mujeres. 

Es como en los tiempos del constituyente de 1917, que cuando las sufragistas mexicanas pugnaban por el reconocimiento del voto femenino, dijeron, no vamos a dejar que ellas voten no saben cómo hacerlo, calladitas se ven más bonitas; estas mismas palabras se siguen repitiendo año tras año, convirtiéndose en décadas y siglos, en los que las formas se subyugar a la mujer se reinventan y encuentran nuevas formas de conservar la aceptación de las masas.

De estos temas se trataba la conversación entre amigas, sobre cómo Melania Trump, era un ejemplo vivo de lo que los hombres del poder maquilan para parecer que respetan a las mujeres, cuando la verdad es que sólo son un producto que venden como una imagen de algo que no es; porque la misoginia con la que gobernó su marido fue un claro ejemplo de lo hipócrita, falaz y peligroso que puede ser un hombre en el poder que no respeta a la mujer como igual.

Hoy, la nueva élite de los aspirantes a ocupar los puestos de poder, se las ingenian para disfrazar el desdén a la mujer, ahora se han cargado una campaña mediática que cada vez, cosifica más a la mujer, la presentan como un producto que se puede comprar por catálogo, todas operadas, con accesorios añadidos; por lo menos en los 60 la belleza era natural Marilyn Monroe y Ana Bertha Lepe no estaban todas cirujeadas, y lo máximo que hacían eran trucos de belleza, como pestañas postizas o decoloración de cabello. 

Vivimos en el extremo de la crueldad hacia la mujer, pues la mujer influyente no es la que está más preparada, ahora las influencers de tallas desproporcionadas antinaturales son las que mueven masas, las que sólo presumen sus bolsos de marca que cuestan cantidades insultantes, que dicen que ser buchona está de chill, y que demuestran el poco amor que tienen por el prójimo.

Ésas son las nuevas formas con las que educan a nuestras hijas para robarles su libertad, mermarles las ganas por superarse, al ver que gana más dinero una chava que renunció a todo para ser cachorra en Only Fans, que una mujer preparada que puede valerse por sí misma y ser autónoma e independiente.

El rostro en el cuadro, que observaba ensimismada, ese que me recordaba a mi nueva amiga, era el perfil de Jacqueline Kenedy Onassis, mujer sinónimo de elegancia y distinción, considerada como una de las personas más influyentes del siglo XX; y de igual forma me parecía esta mujer que acababa de conocer, que me conmovió mucho en una conversación entre amigas preocupadas por el futuro de las nuevas generaciones, por un sueño alcanzable de igualdad entre hombres y mujeres; ahí estaba yo frente a una mujer que hablaba como esposa, madre, hija y abuela, impulsando desde la ciudadanía a la participación informada y responsable en el cambio que se avecina en el estado.

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