“Independientemente del lugar que le concedamos desde un punto de vista histórico-social, como parte de una supraestructura ideológica, y del valor que le atribuyamos en un plano estético, el arte moderno es un hecho rico, complejo y contradictorio.”
A. Sánchez Vázquez.
Desde 2021 es una tendencia en las redes sociales, la palabra coquette asociada con aesthetic se tiende a simplificar a partir de la manifestación de moños omnipresentes como una expresión de imagen personal más cercana a la moda que a cualquier propuesta de afirmación femenina tendiente a la de empoderamiento. Si bien es cierto que en las redes sociales se tiende a reducir a las expresiones artísticas y por tanto a privarlas de contenido, es innegable la hiper feminidad, la sublimación de la vida cotidiana y la recuperación de la niñez como manifestaciones de identidad.
El concepto de lo hiperfemenino, aún cuando parte de la novela donde V. Nabokov, donde a partir de la visón parafilica de un adulto acerca de su hijastra preadolescente, logra describir la vida en los Estados Unidos de finales de los 40’s a través de las carreteras, pasa a coquette ya desprovisto de la sexualización de la inocencia para reivindicar la libertad de expresión personal como forma de empoderamiento femenino.
La principal crítica a la tendencia es la enajenación que pretende presentarla estrictamente como una estrategia de mercadeo donde se domestica la feminidad y se confirma la visión tradicional de género. También es un riesgo de manera sutil presentar a las mujeres desde la inocencia, la fragilidad, la dependencia al hombre.
Por eso debemos desatar el moño cuándo pretenden transformar cualquier objeto, reduciendo su expresión humana y y su reivindicación de género fuera del sentido original y afirmar la reivindicación de identidad desde el género, desde la feminidad, como reto a todo aquello que ha sido opresión, ofensa o desprecio contra las mujeres y desde ahí llevar la tendencia coquette al terreno del pensamiento crítico.
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