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Corona Premio Nacional de Literatura a Beatriz Espejo; mira burguesía decadente

Por Grupo Zócalo

Publicado el lunes, 4 de marzo del 2024 a las 06:39


Sigue la escritora ahondando en las letras por medio de su autobiografía

Ciudad de México.- Mi mundo, ha dicho Beatriz Espejo, es el de la burguesía mexicana agónica, que parece pez fuera del agua dando las últimas bocanadas. Sobre eso ha escrito y a eso ha dedicado sus cuentos, novelas y ensayos. Esther Hernández Palacios, en la nota introductoria a la selección de cuentos que hizo para Material de Lectura de la UNAM, escribió: “Beatriz Espejo llega a la literatura cargada de interrogantes, de zozobra, de infelicidad, sus voces primordiales: madres, abuelas, tías solteras; himeneos incompletos, amores que el amor no llena, búsqueda de la felicidad en suma”.

Ella, Beatriz Espejo (Veracruz, Veracruz, 19 de septiembre de 1939), la cuentista, novelista, académica y traductora que mañana recibirá el Premio Nacional de Artes y Literatura 2023 por “una trayectoria de más de 60 años de aportaciones al panorama literario y académico nacional e internacional y, en particular, por ser un referente imprescindible del cuento contemporáneo en el mundo hispanohablante”, mañana, en el Palacio de Bellas Artes, junto con otros tres creadores: José Manuel Valenzuela, Claudio Váldes Kuri y Guillermo Velázquez.

En entrevista, reconoce que su relación con la literatura ha sido “un matrimonio bien habido”, una relación que empezó a los cinco años cuando dio su primera conferencia, a los doce ya leía como poseída y una monja le sugirió estudiar un doctorado en Letras; a los 18, Juan José Arriola le publicó su primer libro “Y desde entonces he estado batallando en la literatura con mucho placer”, asegura la autora de “Muros de azogue”, “Julio Torri, voyerista desencantado”, “El cantar del pecador”, “Alta costura” y “Si muero lejos de ti”, entre otros libros que alterna su pasión por las artes plásticas.

 

¿Comenzó en las letras haciendo periodismo?

Al hacer mi tesis sobre Ramón López Velarde me di cuenta que él hacia revistas con sus amigos, y entonces fundé la revista “El Rehilete”, y publiqué en la revista Kena, donde me di cuenta que el periodismo sirve muchísimo, te afina la pluma y te hace conocer a muchas personas. A través de mi experiencia en Kena pude publicar un libro sobre pintura mexicana en tres tomos sobre pintores, siempre me han fascinado la pintura mexicana. Gracias a eso empecé a recibir premios: el Premio Nacional de Periodismo, me lo dieron por una entrevista a Lupe Marín, que se publicó en “Unomásuno”, luego un segundo por tres entrevistas que hice, una con Julio Cortázar, otra con Fernando Benítez y una más con Andrés Henestrosa.

 

¿Qué le descubrió Julio Torri?

Mi tesis empieza abordando “El Ateneo de la juventud” donde publicaron todos estos grandes clásicos de nuestras letras. Torri me encanta por su manejo de la prosa breve verdaderamente magistral. Y quizás, Torri me ayudó a encontrar una cosa que siempre hago en mis ensayos, el manejo de vida y literatura.

 

¿Una cosa la fue llevando a la otra, así llegó a la academia?

Como en la teología, cuando una puerta se cierra se abre otra. Dar clases me encantaba, lo hice durante más de 40 años, pero dejé de dar clases cuando murió mi marido, me puse muy triste y a un muchachito jovencito ya no le interesa una maestra triste, pero me quedé como investigadora del Centro de Estudios Literarios, donde hice mi tesis doctoral. Aunque empecé en la investigación comencé a escribir cuentos, mi primer libro se llamó “Muros de azogue”, con ese libro gané el único premio internacional que tengo que es de la Municipalidad de Lima.

 

¿Ni la investigación ni la enseñanza la alejo de la creación?

Después de “Muros de azogue” publiqué un libro que se ganó el premio Colima: “El Cantar del pecador”, sobre Veracruz, con sones jarochos como epígrafes; y seguí trabajando el cuento, y con “Alta costura”, que publicó Tusquets me gané el Premio San Luis Potosí de Cuento.

 

¿Cuáles son los temas que ha mantenido vivos?

Es chistoso la sexualidad me vino desde muy pronto. Cuando apareció mi primer librito en los Cuadernos del Unicornio que se llamaba “La otra hermana”, mi papá se puso como loco de gusto, creo que compró casi toda la edición y los empezó a regalar, y uno de sus amigos delante de mí le dijo.: “Oye, ¿ya te fijaste que muchos de los cuentos de Beatriz son muy eróticos?” Eran pequeños textos con la influencia de Juan José Arreola, mi papá se volvió y le dijo “sí, claro, tonto”. A mí no me dijo “no escribas así”, nada. Me regalaba libros, me incitaba a que siguiera adelante. Y sí, la sexualidad y la sensualidad es parte de mi literatura. Además, como me gusta muchísimo el cine trato de que los cuentos puedan verse, con algo de plástica.

 

¿Qué la llevó a Emmanuel Carballo, el gran crítico literario?

Lo conocí en la Facultad de Filosofía y Letras, era guapérrimo, yo tenía 17 años, empezamos a salir, pero luego me enteré que era casado y no lo volví a ver. Me casé con él 10 años después cuando ya se había divorciado y yo también había tenido una experiencia matrimonial y fue muy buen matrimonio.

 

¿Cómo lograron compaginar obras separadas, pero al tiempo comunicadas?

Eso más que separarnos nos unió, teníamos gustos parecidos, casi coincidíamos en los autores que amábamos. En realidad, nos llevábamos muy bien, luego teníamos la pasión por la literatura los dos. Teníamos la pasión por el hijo que tuvimos, y la pasión que teníamos el uno por el otro.

 

¿Era su primer lector y usted el de él?

Muchas veces sí, pero nunca le daba a leer mis textos. La primera vez le di a leer el primer libro que él publicó, “Muros de azogue”, lo leyó y me dijo “vuélvelo a escribir”. Yo no me ofendí, sino que le hice caso, lo volví a escribir y salió mucho mejor. Después ya no le enseñaba nada. Él me enseñaba más lo que estaba haciendo que yo. Porque era un crítico feroz, entonces si yo hubiera sido muy dependiente de él, no hubiera escrito absolutamente nada. La obra la manejábamos independiente, el dinero también, cada quien lo que ganaba y sin embargo teníamos una relación matrimonial excelente.

 

¿La literatura ha sido generosa?

Creo que tuve una carrera continuada hasta hace muy poquito tiempo, porque ahora tengo problemas de salud y no tengo muchas ganas de escribir, pero no voy a dejar de hacerlo, si Dios me lo permite.

 

¿Tiene obra en proceso?

Mi autobiografía, está como a la mitad. Dirán que qué presumida de escribir una autobiografía, pero me animó a hacerla el hecho de que he conocido a muchos escritores importantes y a mucha gente interesante a lo largo de mi vida. Tengo 180 páginas y apenas voy en la parte de mi primer matrimonio. Espero escribir al menos otras 180 páginas y hacerlas este año, si todo me sale bien. Deseo pasar este periodo de salud y retomarla.

 

¿Y ahora escribe cuentos?

He escrito a la fecha alrededor de 70 cuentos, unos mejores que otros, por supuesto, porque no hay escritor, incluso Borges digamos, valga la comparación que no pretendo, no todos sus cuentos son igual de notables, unos son más que otros. Entonces para una escritora como yo es lógico que no todos sean igual de buenos, pero algunos me tienen bastante contenta. Tampoco creas que me entusiasman así a la locura, simplemente les perdono la vida. Luego tengo una novela más reciente: Los eternos dioses.

 

¿Hoy cómo ve los espacios para la literatura y los apoyos para la cultura y la literatura?

Este es un país donde hay muchos premios literarios, lo que pasa es que ahora con los teléfonos, la gente más que leer, la gente consigue todo consultando su diccionario de bolsillo. Hace poco fui uno de los jurados del Premio Fuentes Mares de Novela y los otros dos autores que lo hicieron muy bien y que se pusieron a trabajar muchísimo también fueron Agustín Monsreal y Federico Tagler. Los tres notamos una cosa curiosa que está pasando, muchos autores, pero sobre todo autoras, alargan sus novelas con el propósito de que se las lleven a Netflix. Pienso que esto está mal porque cada obra tiene su tiempo, su principio y su fin, y hay momentos en que ya no tiene nada que decir que sea interesante.

 

¿Siendo escritora mujer vivió discriminación o ninguneo?

Debía decirte que sí que y quejarme de la suerte, pero no puedo mentir, detesto las mentiras. Primero obtuve el impulso de Juan José Arreola, luego tuve como gran amigo mío a Rubén Bonifaz Nuño, luego en la Facultad de Filosofía tuve el impulso de un personaje notable que era don Javier de Icaza y López Negrete, que me distinguió muchísimo, me presento con Martín Luis Guzmán que publicó el primer texto que yo había hecho sobre Carlos Fuentes, sobre Los días se enmascarados. Luego me caso con Emanuel y llevamos una vida de intelectuales, como ves esta casa. Una vida entre libros y nuestro hijo también es un intelectual.

 

¿Mujeres importantes a lo largo de su carrera?

Rosario Castellanos, claro, a ella la veía con un gran respeto por su talento, por su manera de ser tan curiosa, aparentemente tan extrovertida y tan complicada. Era una mujer terriblemente complicada. Conocí brevemente a Elena Garró a quién Emmanuel adoraba, es una inmensa escritora de primer orden. Admiré profundamente a Inés Arredondo, que me parece que es una escritora fuera de serie, de pocos libros, pero excelentes cuentos. Ella nunca escribió novela, siempre cuento; una gran cuentista.

 

¿Encuentra reflejos de cuentistas en sus cuentos?

Hay varias cuentistas, pero quizá mis dos influencias decisivas fueron Katherine Anne Porter, a quien quise entrevistar en Estados Unidos, me habían dicho que estaba en Stanford, fui buscarla y no la encontré porque ya se había pasado a Virginia y ahí estaba ocupando la cátedra que dio Faulkner. A ella la traduje, pero a la que traduje mejor fue a Katherine Mansfield, la otra cuentista que me influyó muchísimo y que influyó a muchas escritoras mexicanas, a la misma Inés y quizás a Amparo Dávila, otra muy buena escritora de pocos libros, que no escribió novela, sólo cuentos.

 

¿El Centro Mexicano de Escritores fue muy importante, con Rulfo y Arreola?

A mí no me tocó ya Arreola ahí, cuando a mí cuando me dieron la beca los tutores eran Juan Rulfo, Salvador Elizondo y don Francisco Monterde; fue un periodo muy difícil porque aquello era una crítica feroz. Pero todas esas cosas te sirven, fue donde empecé a escribir “Los eternos dioses”, que nunca pude terminar hasta hace muy poquito tiempo. Esa era como una espina clavada en el corazón y es chiquitita. Era mi proyecto al entrar al Centro y nunca lo acabe, hasta ahora.

 

¿Cómo recibe este Premio Nacional de Artes y Literatura?

Es como una coronación del trabajo de toda la vida. Cuando me enteré que me lo habían dado tuve un ataque de llanto y de risa, muy breve porque no soy llorona de naturaleza, pero me emocioné profundamente. Ese es el mejor Premio que puede dar el país. Estoy muy agradecida de que me lo hayan dado a mí. No conozco todavía el nombre de los jurados, pero ya los descubriré.

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