Arte

Publicado el sábado, 26 de junio del 2021 a las 05:00
Saltillo.- En la mente de Diego de la Rosa (Monterrey, 1990) hay un secuencia de ideas que se dibujan al momento. Las líneas delgadas se cruzan, amontonan y empalman hasta dar forma a una figura: un rostro, usualmente femenino, de pómulos marcados, ojos grandes y labios gruesos, cuyo cuerpo delgado es sinuoso, y define lo que hace “como si Egon Schielle hiciera cómic”.
Su trabajo más reciente es un cómic inspirado en la historia de la ciudad, un western que exuda tierra, pólvora y sudor. En él aparece una chica que sigue un rastro, un perro que bebe de un arrollo y un sherif gringo que dispara su revólver y muere en la raya. Al final, un panel dibuja a un ser cuya cabeza es un cerdo y que vive en las grutas de la sierra de Zapalinamé.
Aunque el cómic no tiene diálogo, De la Rosa plantea que “lo que me interesa es que el lector pueda imaginarse su propia historia, por eso solo tiene dibujos y espacios. Quiero que el que tenga esto pueda crear y recrear lo que quiera, que imagine qué está pasando”.
Para ello se vale de una narrativa fluida, pero hierática, en la que los colores rojo, negro y blanco, van dotando de una atmósfera violenta y onírica al relato, como una especie de viaje de peyote en el desierto, una sensación de “expresionismo pulp”, como denomina el dibujante a su estilo.
Que el último recuadro de su pieza sea un puerco no es coincidencia, pues el cómic es el producto de la residencia que el grabador realizó en la Taberna El Cerdo de Babel las pasadas semanas y que incluyeron, además, la impresión de playeras.
En esta ocasión, el trabajo fue crear algo “que pudiera ser distintas cosas. Primero quería un fanzine, después comencé a crear esta historia en servilletas y finalmente terminó en un cómic, pero que también funciona como propaganda para pegar en las paredes”, comentó a Zócalo en entrevista.
Para De la Rosa el interés por el cómic nació de forma natural. Hijo del grabador Damián de la Rosa, aprendió de él el arte del grabado y sus técnicas, un oficio “una forma de trabajar. El pago siempre es trabajar”, repite el dibujante uno de los mantras que decía su padre.
Criado bajo su cuidado, y el de su madre, una docente, siempre tuvo a la mano libros de literatura y arte, pero el descubrimiento de la unión de los dos vino después, cuando descubrió los cómics y la forma en que las historias de estos se contaban más con lo que no estaba ahí, ni con el dibujo ni en las palabras de los globos de diálogo, sino en la mente del lector.
“
Me encanta el cómic porque tienes que ser un lector activo cuando estás frente a él, los escritores de cómic no te dan toda la información, nada más la que necesitas, en los dibujos, las viñetas y los diálogos, el resto tienes que llenarla tú. Eso es lo que intenté hacer aquí”, explicó.
Para el artista, esta residencia fue un confrontamiento personal, pues no está acostumbrado a trabajar frente al público y, especialmente, en un espacio que no es el de él. “Fue una experiencia bien rara, pero resultó en un buen trabajo”, comentó el artista que ahora trabaja en la Fábrica de Artes y Oficios de la Ciudad de México, dando talleres de creación de cómic.
El trabajo de De la Rosa puede encontrarse en la Taberna El Cerdo de Babel, además el artista se encuentra desarrollando un proyecto en el Museo de Artes Gráficas (MAG).
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