Arte

Publicado el jueves, 12 de enero del 2023 a las 04:00
Ciudad de México.- Hay mucha literatura involucrada en Noche suspensa, el primer proyecto discográfico del contrabajista y jazzista Toto Nava (Tulancingo, 1986), bajo inspiración de la poesía del mexicano Octavio Paz y la novela 2666 del chileno Roberto Bolaño.
“ (La literatura) es un detonador, pero no necesariamente el eje conductor de este disco”, precisa el músico hidalguense en entrevista.
“ Simplemente son cosas que me inspiran en el día a día, que llenan al espíritu y que nacen de una necesidad de decir algo con el lenguaje de la música”.
El nombre Noche suspensa, que da título al disco y a una de las piezas incluidas, proviene del poema Raíz de hombre II, de Paz, del que se incluye un fragmento: “Ardan todas las voces / y quémense los labios; / y en la más alta flor / quede la noche detenida. / Nadie sabe tu nombre ya; / en tu secreta fuerza influyen / la madurez dorada de la estrella / y la noche suspensa, / inmóvil océano”.
Mientras que la música inspirada en la novela de Bolaño, 2666, que grabó como EP en 2019, se desdobla en dos secciones: “Arturo Belano” y “La parte de los crímenes“.
Pero no solamente la literatura es fuente de creación en este álbum, pues Nava escribió “La muerte también bebe café” a partir de la fotografía homónima de la artista méxico-estadounidense Mariana Yampolsky.
Una propuesta que funde las vertientes de la música electrónica, el rock, el trip-hop y el soul con el jazz contemporáneo, que es buen receptor de otras músicas y que se refleja en el concepto de Noche suspensa.
“ Una de las características principales del jazz es justo eso”, advierte Nava: “que a través de la historia se ha ido fusionando con otros géneros, y esos géneros representan otras idiosincrasias, otras culturas, que se manifiestan en esta música.
“ Por eso hay jazz en Israel, en Chile… Hay jazz cubano, ecuatoriano, mexicano”.
Es más, ataja el músico, en la cultura afroamericana ya no usa tanto la palabra “jazz” porque implica segmentarlo mucho.
Nava, también arquitecto, llegó al género hacia los 13 años, después de tocar el clarinete en una orquesta infantil en su natal Tulancingo, pero estuvo expuesto a otros géneros con su profesor de música, y a los 18 años prefirió la guitarra. De ahí pasó al bajo eléctrico y llegó al contrabajo, su instrumento desde entonces.
Después de un periodo de escuchar jazz, descubrió a la cantante brasileña María Rita, hija de Elis Regina, y selló su amor por el contrabajo.
“ (Esta intérprete) usa a un contrabajista en su sección rítmica, y (con ella) regresó el amor por el timbre de ese instrumento porque tenía la capacidad de sostener a toda una banda y tener una calidez que siempre está ahí, como si fuera la voz de un padre o un abuelo que siempre está ahí soportando”, explica el músico, graduado del programa de jazz de la North Texas University, donde además consolidó sus herramientas como compositor.
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