Arte

Publicado el viernes, 8 de octubre del 2021 a las 04:29
Saltillo, Coah.- Un fondo negro, frente a él una mujer con un vestido morado y en el ambiente una música que crea la atmósfera para que la pintura de un aerosol dibuje líneas que simulan montañas, una carretera y tres toros que nacen al ritmo de los pies de la bailaora de flamenco. Eso puede resumir el performance que el miércoles presentaron la bailarina Melissa Soto, el pintor Jesús Murales y el guitarrista Héctor Zárate.
Todos ellos bajo una simple idea: la de improvisar y, a partir de ahí, hacer una reconexión de sus artes con “las dimensiones material y espacial”, como señaló Murales, “todo bajo la idea de un experimento, de un juego y de divertirnos”, agregó Soto en entrevista.
El performance, que se presentó en la Taberna El Cerdo de Babel, comenzó con la música del jazzista que llenó la segunda planta del centro cultural, y en el que Soto intentó marcar un ritmo personal con su cuerpo. Mismo que sirvió de primera guía para que el artista visual pudiera dar paso a las primeras figuras de su obra: unas sinuosas marcas rosas que parecían montañas recortadas en la oscuridad de la noche.
Mientras Zárate tocaba sus seis cuerdas, Soto zapateaba contra el piso de madera, movía sus manos o servía como lienzo para las latas de pintura en spray que Murales utilizó para su obra, pues el vestido que utilizó la bailarina será “un especie de mural móvil”, que comenzará una pequeña gira en diversos estados.
Para el guitarrista, el crear música para piezas escénicas no es nuevo, pues varias veces ha trabajado en obras teatrales e incluso creó un disco pensando en ello: Paisaje Sonoro de la Espera. Para él, su trabajo es “ir creando imágenes mentales que construyo con la música, y que van respondiendo a los estímulos que ellos me dan y que van aplicando en su disciplina. Para mí lo que más me seduce de la música es la improvisación”, comentó y agregó que “es algo súbito, porque vivió ahorita, en este momento, y no va a volver a existir por más que queramos que así sea”.
Así, la experiencia de lo efímero, puede resumirse en la imagen de “una nube que se va con el viento y que nunca volverá a ser la misma”, como detalló Murales o, como definió Soto, “un juego de mucha experimentación que nos permitió gritar algo que todos teníamos hoy”.
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