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Coahuila

Crisis ignorada

Por Gerardo Hernández

Hace 10 meses

El periodista Gerardo Moyano ofrece en la nueva edición del bisemanario Espacio 4 un análisis sobre la situación de los jóvenes en el mundo, calificada como «uno de los mayores desafíos sociales, económicos y políticos del siglo XXI». Cita datos de la Organización de las Naciones Unida (ONU): el 16% de la población mundial —estimada en 1,200 millones de personas— ronda entre los 15 y los 24 años, la mayor generación juvenil registrada. “Sin embargo, observa, su tamaño demográfico contrasta con su fragilidad estructural: padecen tasas de desempleo tres veces superiores a las de los adultos, acceso desigual a educación, precarización laboral y altos índices de violencia, especialmente en América Latina, África y partes de Asia.

“La Organización Internacional del Trabajo (OIT) reporta que en 2024 más de 73 millones de jóvenes estaban desempleados, mientras otros 300 millones sobrevivían en empleos informales y sin seguridad social. En países desarrollados, aunque el desempleo juvenil es menor que en la década pasada, la precariedad, la crisis de vivienda y el costo de vida empujan a nuevas generaciones a posponer proyectos vitales como formar familias, estudiar o independizarse.

“A esto se suma una tendencia preocupante: el aumento de adicciones, depresión y problemas de salud mental, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera ya una emergencia global. Los jóvenes representan el grupo con mayor prevalencia de ansiedad y suicidio en el mundo. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) advierte que los adolescentes en contextos de pobreza, violencia o discriminación tienen un acceso mínimo a servicios de salud mental, lo que agrava los riesgos.

“En América Latina, donde la desigualdad estructural marca el futuro de millones, la situación es crítica. La CIDH documenta que los jóvenes —especialmente los más pobres— se ven atrapados en dinámicas de violencia criminal, reclutamiento forzado y violaciones sistemáticas de derechos humanos. México, Brasil, Colombia y Centroamérica presentan algunos de los índices más altos de homicidios de jóvenes en el mundo.

“En el ámbito político, el desencanto es generalizado. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el 67% de los jóvenes en países democráticos consideran que sus gobiernos ‘no los representan’, y en regiones como América Latina la cifra supera el 80 por ciento. El desinterés no implica apatía: muchos han encontrado en el activismo, la protesta y las redes sociales nuevas formas de participación, incluso con más impacto que los canales tradicionales.

“En contraste con este panorama crítico, una nueva generación de líderes emergentes demuestra que el poder político también está experimentando un cambio acelerado. Jóvenes como Gabriel Boric en Chile o Zohran Mamdani en Nueva York representan una renovación ideológica y cultural que está alterando las estructuras políticas tradicionales. Sin embargo, estos avances coexisten con realidades brutales, como el asesinato del Alcalde de Uruapan perpetrado –según reportes oficiales– por un menor de 17 años, hecho que simboliza la fractura social mexicana.

“A escala mundial, los jóvenes son las primeras víctimas de las crisis económicas. La ONU y la OIT coinciden en que la recuperación tras la pandemia ha sido desigual: mientras los adultos recuperaron empleos y salarios, la población joven quedó rezagada. Muchos trabajan sin contrato, en economías de plataformas o migran en busca de ingresos estables.

“La falta de acceso a educación de calidad es otro factor central. Aunque hoy más jóvenes están escolarizados que en cualquier otra época, la brecha entre países ricos y pobres se ha ampliado. La Unesco reporta que más de 260 millones de niños y jóvenes quedaron fuera del sistema educativo en 2024, especialmente en África subsahariana y zonas afectadas por conflictos. En países desarrollados, la educación no garantiza movilidad social. Millones de jóvenes se endeudan para estudiar y luego no encuentran empleos acordes a su formación. Este fenómeno –conocido como ‘sobreeducación precaria’– afecta particularmente a Estados Unidos, España, Reino Unido e Italia”.

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