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Coahuila

Crónica de cómo perder autonomía universitaria en breves pasos

Por Luis Carlos Plata

Hace 2 años

Deje usted a un lado las recientes elecciones de Rector en la Universidad Autónoma de Coahuila y su viabilidad a futuro, la protesta-plantón que acompañó al proceso y sus motivaciones, el pobre perfil del equipo que acompañará los próximos tres años al ungido, o los primeros esbozos de un plan de trabajo más enfocado en agradar a la tribuna de sol que apuntar a la excelencia académica.

Serían temas de análisis por sí mismos, pero hay un fenómeno que pasó desapercibido en la Máxima Casa de Estudios del Estado en días pasados y es justo plantearlo.

En la semana trascendió un robo en las instalaciones del Ateneo Fuente, el nonagenario edificio en el campus Rectoría de Saltillo. Una semana después de las elecciones de director en el Bachillerato. Ya con un personaje afín al mando, pues, luego de una transición obligada por la propia sucesión de Rector.

Extrañamente, el suceso fue magnificado durante varios días en los medios de comunicación como si se tratase del asalto a La Casa de Papel (la popular serie de Netflix) cuando en realidad se trató de un acto de vandalismo juvenil (cometido por “encapuchados”) y el monto de lo hurtado fue una botarga.

Inmediatamente después al esclarecimiento de los hechos, cuando se había sembrado ya la idea de inseguridad en la opinión pública, surgió la oficiosa y presurosa propuesta: cámaras de reconocimiento facial, y casetas de vigilancia enlazadas al Centro de Comunicaciones, Cómputo, Control y Comando (C4) de la Secretaría de Seguridad Pública.

Crear la necesidad, se llama el juego.

Y en el acto, además, se vulnera la autonomía de la Universidad, una de las pocas instituciones que todavía tienen un grupo de contrainteligencia, dependiente de la Secretaría General. Así se van cediendo derechos poco a poco.

Como los presuntos implicados son menores de edad, supuestamente cuatro, existe la coartada perfecta para no identificarles y dar carpetazo al asunto. Nos queda sólo creer, o no, en la veracidad de lo que declaran al respecto las autoridades universitarias.

En otras universidades públicas del país, no se diga privadas, sería impensado que la fuerza pública entre a sus instalaciones, sin una autorización previa y sin una causa justificada.

Acá no sólo entrará hasta la cocina por medios digitales, sino que la distopía se hizo realidad: si nadie se interpone, en la UAdeC se cumplirá la profecía que George Orwell publicó en su libro “1984”, un Gran Hermano les observará las 24 horas del día.

El que nada debe nada teme, se dirá en defensa del método.

Sin embargo el miedo -real o provocado- no debería reducir nuestra esfera personal. La idea de entregar privacidad a cambio de seguridad conculca derechos. El Estado debe garantizar ambas: privacidad y seguridad, no sólo una.

Además de ‘ojos’ digitales, de consumarse la iniciativa, la administración tendría un software a su disposición para magnificar y manipular la información obtenida con ellos. Algoritmos de inteligencia artificial para la supuesta investigación y persecución de delitos.

Y como no dirían la ubicación de las cámaras, alegando reservas obvias por seguridad pública, siempre habría la tentación de usarlas para espionaje a grupos de presión, adversarios políticos, defensores de derechos humanos, activistas y cualquier ciudadano incómodo al poder en turno. Una herramienta poderosa, en las manos equivocadas, se vuelve peligrosa.

El acopio de datos, no obstante, debe tener límites y alcances, lineamientos, criterios de operación y, especialmente, monitoreo. ¿Quién vigila al que vigila? ¿Existiría un plazo para conservar la información recopilada? ¿Reproducirían esas imágenes en medios masivos de comunicación so pretexto de interés general?

Incluso pueden ser buenas las intenciones, no obstante la seguridad acabaría convertida en un panóptico de Bentham –un lugar desde donde es posible verlo todo-. Una sociedad carcelaria.

¿Usted se sentiría cómodo si un sujeto desconocido le observa desde un monitor vinculado a una cámara de video vigilancia cuando transita por la vía pública?

Para dimensionar lo frágil que resulta el llamado sistema de video inteligencia: si pasa varias veces por el mismo lugar (derecho al libre tránsito) le convertiría en sospechoso potencial. El aspecto físico (derecho a la personalidad) es otra variable a tomar en cuenta para desconfiar.

No es ocioso recordar que, ése camino, conduce a la represión política y social propia de regímenes totalitarios como los asiáticos que venden la tecnología.

Cortita y al pie

Seguridad aparente a cambio de vigilancia real es el punto de partida para la desaparición de la vida privada por exceso de transparencia. La negación de la personalidad. Un proceso de alienación de los individuos. El Gran Hermano te vigila.

Y lo peor: nadie levantó una ceja. Los agarraron con los reflejos muy aletargados para darse cuenta. Aguzados.

La última y nos vamos

Por lo demás, al animal mitológico llamado “nuevas elecciones”, publicado en este mismo espacio el 1 de febrero, le salió competencia: otro animal mitológico llamado “autonomía universitaria”.

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