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¿Cuál de todos?

Por Juan Latapí

Hace 1 mes

El día de la elección pasada, y en los días previos, las redes sociales se vieron inundadas con mensajes tales como “Salvemos a México”, “Por el bien de México”, “Dios bendiga a México”, y otros más de estilo similar.

Y es que México es un país que es muchos países a la vez, con gran diversidad cultural, de colores y sabores, y con enorme riqueza humana y territorial. Sin embargo, ante el bombardeo de aquellos mensajes surge la duda de cuál México se hablaba.

A lo mejor es el México de la desigualdad en el que el 10 por ciento de los más ricos concentra el 60 por ciento de la riqueza nacional, el país de los magnates que no pagan impuestos mediante un ejército de contadores y abogados que les ayudan para evadir sus

obligaciones fiscales. El país del machismo, de la desigualdad de género en el que las mujeres perciben salarios inferiores y rara vez ocupan cargos directivos. De la brecha al acceso a la educación y a los servicios de salud.

O será el México de la corrupción donde quien no tranza no avanza, en el que el influyentismo y el dinero someten a la Justicia con mil argucias legaloides al servicio del mejor postor, en el que la burocracia no funciona sin el tradicional moche, donde dinero mata carita, en el que los cargos públicos no son para servir sino para servirse y hacer fortuna a como dé lugar.

Tal vez se refieren al México de la impunidad, en el que nunca pasa nada aunque suceda de todo, en el que se pueden saquear escandalosamente las arcas públicas y no pasa nada, en el que tener dinero permite ser influyente para eludir la justicia aunque se delinca. En el que las factureras al servicio del gobernante en turno nunca son sancionadas.

O se trata del México donde imperan las mentiras desde las promesas de campaña nunca cumplidas, en el que se dice que AHMSA volverá a operar con normalidad mientras miles de trabajadores y sus familias se quedan a la deriva sin ingresos, las instalaciones están colapsadas y el dueño miente dándose la gran vida.

Tal vez sea el México de quienes menos tienen, que aunque trabajen de sol a sol apenas cubren sus necesidades básicas de alimentación y salud, el país de esas personas de quienes solo se acuerdan en tiempos electoreros o cuando aparecen en la nota roja, de esos jóvenes atrapados por las drogas y abandonados a su suerte

O a la mejor es ese México en el que los derechos humanos son violentados a diario, en el que la tortura es una práctica común de las policías para obtener confesiones, el de la re-victimización de las víctimas de abusos sexuales, el de la discriminación, el de negar y reprimir los derechos de las preferencias de diferencia sexual.

Tal vez se refieren al México obsesionado por la politiquería, de la demagogia, en el que la prioridad de los gobernantes es el poder, en el que los principios e ideología de los partidos políticos son letra muerta.

A lo mejor es el México que pone en riesgo su honor cada vez que juega la selección nacional, que pierde como siempre, con sus jugadores vedettes, en el que lo importante es el negocio de unos cuantos sin importar la frustración de los aficionados.

O se refieren al México de la intolerancia en el que cada quien se siente amo y señor de su verdad, que los demás están equivocados, que descalifica y ofende, que no aceptan sus derrotas electorales y que consideran “ignorantes, imbéciles y fanáticos” a quienes votan diferente a pesar de ser mayoría.

Tal vez sea el México violento, que disfruta el gusto por ofrendar sangre a Huitzilopochtli en el altar de cráneos humanos, el país del culto a la muerte, de los feminicidios y de los desmembrados.

Todo esto y más es México, un país que no se da cuenta que no se da cuenta, que busca y exacerba las diferencias con los otros en vez de buscar coincidencias, la reconciliación y el diálogo, que prefiere restar en vez de sumar.

Pero afortunadamente hay otro México -que no es poca cosa- que aún conserva su identidad, que es tolerante, que cree en el esfuerzo, en el trabajo, en la honestidad, la honradez, solidario, hospitalario, incluyente y amable. Sí, hay otro México aunque ya se está hartando.

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