A finales de 1947 los sindicatos ferrocarrileros, petroleros y mineros firmaron un pacto para sacudirse “la actitud cobarde del Gobierno federal”, que, en lugar de proteger al proletariado, lo reprimía usando al Ejército Mexicano en su contra e impidiendo cualquier movimiento de huelga.
En un acto de mucha hombría en el Teatro Iris de la Ciudad de México se firma el pacto entre los tres poderosos sindicatos nacionales, estando presente el secretario del Trabajo, un honesto abogado de nombre Andrés Serra Rojas, quien posteriormente renunció al cargo por no estar de acuerdo con la actitud represora del Gobierno central.
Era Presidente de la República, Miguel Alemán Valdés, quien directa o indirectamente crea el “charrismo sindical”. Se inclina a favor de otro nefasto individuo, de nombre Jesús Díaz, quien denigraba no sólo al gremio laboral de entonces, sino a la charrería nacional, pues se presentaba a laborar vestido con la indumentaria del deporte que nos representa en el mundo.
El pacto puso a temblar al Gobierno alemanista y su camarilla, pues la unificación del proletariado nacional, sería un punto de apoyo al pueblo de México para luchar contra el imperialismo, la carestía de la vida en ascenso constante y contra las tendencias regresivas del Gobierno de Alemán.
En 1948, con el apoyo de la policía y el Gobierno alemanista, Díaz de León “El Charro”, desplazó por la fuerza a los dirigentes legítimos y democráticos del sindicato ferrocarrilero (como Valentín Campa).
Este hecho marcó el inicio de una práctica donde los líderes sindicales se subordinan a los intereses del Estado y de los patrones en lugar de defender a los trabajadores. ¡Nació el charrismo! La esfera sindical nacional.
Los sindicatos perdieron su independencia frente al Gobierno. Se impusieron líderes espurios mediante el uso de la violencia y prácticas antidemocráticas. El Estado utiliza y utilizó esta estructura para someter a los movimientos obreros independientes.
Eso fue el motivo de la caravana de los mineros de la Región Carbonífera de Coahuila, quienes el 3 de octubre de 1950, emprendieron una marcha a pie, acompañados de algunos de sus familiares hacia la Ciudad de México para exigir respeto a su gremio, ya reprimido, exigiendo mejoras salariales y cero intromisiones del Gobierno de Alemán en el contrato colectivo de trabajo, violado por las compañías norteamericanas, con el aval del Presidente de laRepública.
Una vez en la capital de la república los encerraron en un campo deportivo para controlarlos y luego los regresaron en ferrocarril, sin haberles resuelto nada.
Seis meses de lucha, hambres y persecuciones enfrentaron los mineros de Coahuila y sus familias.
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