Eran más de las dos de la mañana y nadie se iba, nadie quería soltar el caso a medias. Había equipos que llevaban horas discutiendo el mismo punto, otros que habían cambiado su estrategia y algunos que apenas encontraban por dónde entrarle. Así se vivió JurisClue, una iniciativa estudiantil, impulsada por Jorge Cárdenas, para entender que una cosa es una teoría del caso y otra tener que construir una desde cero, con presión, con tiempo limitado y con un equipo que depende de ti para resolver un crimen, acompañado de expertos jurídicos, forenses y criminólogos. Desde afuera pudiera parecer una dinámica diferente, casi como un juego, pero por dentro fue una forma distinta de aprender Derecho, particularmente algo que siempre queda en lo teórico… la construcción de una teoría del caso. Ese tema se explica en clase, se entiende “en papel”, pero no se vive. En JurisClue sí.
La intención fue apostar por la innovación en la enseñanza de la teoría del caso. Sacarla del formato tradicional y llevarla a un terreno donde se obligara a pensar, a discutir, a equivocarse y volver a empezar. La dinámica no consistía en repetir conceptos, sino en construir algo propio. Cada equipo tenía que tomar el caso, desmenuzarlo y encontrarle sentido. No había una sola ruta, no había respuestas obvias, había que argumentar. Los equipos fueron integrados por estudiantes de distintos semestres y esa decisión fue clave porque rompió la lógica de siempre trabajar con los mismos, de pensar similar y de resolver igual.
Los estudiantes de los primeros semestres llegaban con ideas más libres, sin tanta estructura pero con mucha intuición. Los de los últimos semestres ya traían orden, experiencia, una forma más clara de armar argumentos; se complementaban y se armaban equipos de verdad. Se notaba en las discusiones, en cómo alguien proponía algo y otro lo aterrizaba. El espacio para contruir, fue toda una noche dentro de Jurisprudencia; trabajar de madrugada donde el cansancio llega y la paciencia se pone a prueba. Cada parte importaba, de eso dependía que su teoría se sostuviera. Se dio seriedad al ejercicio, sumado a la colaboración de docentes que observaron cómo trabajaban los equipos, cómo pensaban y cómo argumentaban. Eso elevó el nivel, no era “jugar a que somos abogados”, era acercarse a lo que implica serlo. Nadie estaba por cumplir, había intención, ganas de hacerlo bien y el aprendizaje se volvió real; el conocimiento dejó de ser información y se convirtió en una herramienta con valor.
Al final, sí, habrá un equipo ganador. Es parte natural de la dinámica pero lo valioso fueron las discusiones, los errores, los cambios de estrategia, los momentos donde algo finalmente hacía sentido. Todo ese proceso es el que realmente forma y eso es lo que se buscaba. En nuestro trabajo desde la Dirección de la Facultad de Jurisprudencia, la intención no es sólo hacer actividades distintas. Es generar espacios que aporten, que reten, que obliguen a ir más allá de lo básico. Espacios donde el aprendizaje sea construido. Donde el estudiante deje de ser espectador y se vuelva protagonista.
Al final, esto conecta con una idea que hemos repetido y que en momentos como este se entiende mejor: dejar huella. Crear experiencias que se queden, que te hagan pensar distinto y que cambien la forma en la que se entiende la carrera. JurisClue fue eso, una noche distinta que empezó casi como un juego, pero que terminó convirtiéndose en un ejercicio donde los estudiantes pasaron de participar a argumentar, y eso en Derecho, lo es todo.
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