Coahuila
Hace 5 años
A raíz del histórico fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se han desatado todos los enojos y enconos de la derecha. Muchas mujeres irritadas ante esta resolución, con justa razón porque va en contra de sus creencias e ideologías religiosas.
Pero también existe el encono de parte de muchos hombres. Me han escrito muchas personas para hacerme toda clase de reclamos y también muchos argumentos sobre por qué debería yo de oponerme al aborto.
Para mí es una cuestión orgánica, de vida y de derechos humanos que una mujer pueda tener esa opción. ¿Qué puede opinar un hombre sobre el aborto si no es un tema que tenga que ver con ninguna de las decisiones del Gobierno y control de su cuerpo? Sería buena idea que, si no tenemos nada qué decir sobre apoyar a las mujeres en sus decisiones, sería quizás buena idea mejor no opinar.
Esta es una conseja que les dejo sobre todo a los hombres jóvenes, quienes tendrán que apuntalar su vida reproductiva hacia una mayor responsabilidad. Nadie quiere abortar, pero también en el emisor del semen está la misión de evitar a toda costa un embarazo no deseado, usando un condón. No tienen más obligación y responsabilidad que blindar su pene con un método de barrera.
Todos los comentarios de hombres en el tema del aborto llevan a la condena en la mayoría de los casos, como fue el del sacerdote monclovense llamado Lázaro, quien lanzó un mensaje de odio feminicida.
Me avergüenza mucho como exalumna lasallista, que la capilla de La Salle tenga a una persona que dijo a su feligresía:
“No apoyen a las jóvenes matando a sus hijos para que dejen de estorbar y se diviertan, mejor maten a sus hijas para que ellas no aborten”.
Por eso necesitamos educar sobre la sexualidad y la reproductividad, pero también en la empatía y en la compasión, que son cualidades cristianas y católicas que se esperarían de un prelado, y en este caso, pelado también.
La Iglesia católica ha cometido todos los errores del mundo tratando de evitar que las mujeres ejerzan el derecho a decidir por ellas mismas.
Desde la inquisición hasta este mismo instante en que escribo. La satanización del aborto por parte de la Iglesia católica y algunos de sus representantes que se niegan a entender el grave problema que tenemos con la reproductividad en México, es otra de las causas que debemos de abordar con urgencia. Más de 50 años diciendo que saquen sus rosarios de nuestros ovarios, y aún no lo hemos logrado.
El aborto es una medida extrema, pero es una elección de cada mujer o persona gestante que decida realizarlo.
Por ende, un señor no tiene por qué criticar a quien aborta. Tampoco se necesita su opinión al respecto sobre por qué debe o no realizarse un aborto una persona. El prelado Lázaro de Monclova, además de su mensaje poco compasivo, está incitando a la comisión de un feminicidio.
Eso refleja el recalcitrante odio de una institución que no se ha caracterizado por ser la menos misógina de la historia de la humanidad.
Conminemos a las personas masculinas y hombres en general a apoyar nuestros derechos y a asumir su responsabilidad reproductiva evitando relaciones sexuales sin protección.
En esta nueva era lo que sigue es evitar llegar a un aborto a toda costa y también educar a los hombres en su responsabilidad ante una fecundación, embarazo y posible aborto.
La corresponsabilidad en la actividad sexual debe empezar a ser visible y comprometida en todas las parejas con potencial reproductivo. No nos embarazamos solas.
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