Las 2 columnas anteriores han versado sobre “Qué es exactamente el Conocimiento” en la primera entrega de esta serie, y, a continuación, cómo es que arribamos a “El Conocimiento Verdadero”. Asimismo, hicimos énfasis que, entre las diferentes ramas de la filosofía, la que es de mayor utilidad en sentido pragmático (práctico, útil, funcional), es la “Epistemología”.
Esta crucial e importantísima palabra, lamentablemente, no se utiliza a un nivel coloquial, y se reserva para textos complejos, cuando en realidad, es una palabra y concepto que debería enseñarse a los niños desde sus primeros años de vida. Yo fui uno de esos niños que saturaban a sus padres, -o a quien estuviera a su alrededor-, lanzando preguntas como metralla sin límite de municiones. Era, -o sigo siendo- un niño en exceso preguntón que quería saber el porqué, el cómo y el cuándo, de todo lo que se atravesara en mi camino; quería saber “El Origen” de todo lo que veía, oía, olía, tocaba o probaba, utilizando mis 5 sentidos al unísono, fui sin saberlo hasta ahora, “Un Niño Epistemológico”. Uno de mis 12 hijos, -de hecho el mas pequeño de todos-, heredó mi curiosidad epistemológica, y su palabra y pregunta favorita, cuando apenas empezaba a aprender hablar, era “¿Qué ignifica?”, queriendo decir “Qué significa”, pero la letra “s” todavía no la podía pronunciar correctamente. A mí me gustaba, -y me sigue agradando hasta la fecha-, alentar a mis hijos a preguntar, sobre todo, o sobre lo que sea. En las ocasiones que por suerte, y por disponer de tiempo para ayudarles a hacer sus tareas, me preguntaban algo que desconocían, en lugar de darles inmediatamente la respuesta y terminar rápido con su trabajo escolar, yo los instaba a que juntos descubriéramos la respuesta por deducción, o les daba pistas para descubrir la respuesta, los enseñaba “a pensar”, en lugar de sólo aparentar aprender algo sólo memorizándolo, sin comprenderlo. Algunos de mis hijos se interesaban por aprender de esa manera, y otros no querían esforzarse y preferían obtener la respuesta de inmediato, sin intentar descubrirla; lógicamente, el lector se puede imaginar, cuáles de mis hijos e hijas de estos dos diferentes grupos de técnicas de aprendizaje, son los que han destacado más en el plano académico y en sus vidas en general.
La Filosofía es, en mi opinión, la primera disciplina que comienza a dar forma y sustento al pensamiento humano, de una manera racional y metodológica. Se define como el estudio de preguntas fundamentales sobre la existencia, el conocimiento, la realidad, los valores y el significado de la vida, a través de la reflexión, el análisis y la argumentación racional. Se originó en la antigua Grecia y se ha desarrollado a lo largo de la historia, dando lugar a diversas escuelas de pensamiento y ramas de estudio.
La palabra “Filosofía” proviene del griego “philein” (amar) y “sophia” (sabiduría), lo que significa “Amor a la Sabiduría”. Ahora, ese amor a la sabiduría, durante milenios, ha estado errado, fuera de foco. ¿Por qué?, simplemente porque lo que en algún momento se consideraba cierto, “conocimiento verdadero”, en realidad no lo era, era falso, una falacia (razonamiento o argumento que, aunque aparentemente correcto, contiene un error que lo invalida y lo hace engañoso), y que eventualmente al avanzar las técnicas de aprendizaje, era descubierto como erróneo y despojado de su “Aura de Verdad”, por lo tanto, la Filosofía también erraba al “Amar a un Ídolo Falso”, amar una sabiduría desprovista de verdad. Y es en este momento, y en este aspecto, cuando la Filosofía tuvo que hacer uso constante, de la rama mas importante en las que se divide, como dije líneas arriba, la más pragmática y útil, la Epistemología.
Para aterrizar más mi concepto, analicemos estas específicas ramas en las que se divide la Filosofía:
La Metafísica, que estudia la naturaleza de la realidad, el ser y la existencia. La Lógica, cuya labor es investigar los principios del razonamiento y la argumentación correcta. La Ética, que se encarga de examinar la moralidad, los valores y las acciones humanas. La Estética, que se ocupa de la belleza, el arte y el gusto. Y para el final dejé a la Epistemología, que es quien rigurosamente analiza el conocimiento, cómo lo adquirimos y qué significa la verdad. Esta rama, a la cual coloqué al final a propósito, es la que debe de ir al principio, pues es la única que puede validar que lo que las otras ramas estudian, y estar seguros, de que sea realmente verdadero, si no es así, nuevamente la sabiduría y el amor por ella están rotundamente equivocados. Y no contar con la certeza de los conocimientos, es muy delicado y peligroso, ya que la importancia de la filosofía, estriba en que esta aparentemente es quien se encarga de fomentar el pensamiento crítico; desarrollar la capacidad de cuestionar, analizar y evaluar información; entender el mundo y la propia existencia; resolver problemas y tomar decisiones; y, además, permite reflexionar sobre cuestiones fundamentales de la vida, como el sentido de la existencia y la naturaleza de la realidad
Y aquí, mis estimados lectores, está el meollo del asunto, sin la validación por parte de la Epistemología, de la veracidad de todo aquello que estas otras ramas estudian, es literalmente perder el tiempo, hacer castillos de arena, que pueden ser derrumbados fácilmente por un nuevo conocimiento fundamentado, ahora sí, epistemológicamente.
Más sobre esta sección Más en Coahuila