Arte

Publicado el sábado, 29 de mayo del 2021 a las 04:25
Saltillo, Coah.- La suavidad de la flauta puede remitir a muchas emociones: libertad, felicidad, tranquilidad y amor, pero también una profunda tristeza, un dramatismo intenso como lo mostró la solista María Vakorina, quien acompañó a la Orquesta Filarmónica del Desierto (OFDC) en su cuarto concierto de temporada.
Así, el público que visitó el Teatro de la Ciudad Fernando Soler, el pasado jueves pudo degustar tres “platillos” musicales bastante distintos. Como el Preludio, de la ópera Tristán e Isolda, de Richard Wagner, pieza dramática y tensa que afinó los oídos de los visitantes.
El plato principal fue el Concierto para Flauta y Orquesta, de Jacques Ibert. Composición ligera pero de intrincada emocionalidad y textura sonora.
El final fue la melancólica y pastoril Sinfonía No. 2 en Re mayor de Johannes Brahms.
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