Nadie puede influir en cabeza ajena y por desgracia como amigas solo podemos aconsejar, pero no podemos resolverle la vida a nadie.
En consulta sexológica y en los correos de las lectoras existe una constante: las que se quejan de su mejor amiga, comadre, hermana, alguna parienta que insiste en andar con el mismo señor que les ha complicado la vida. Que pese a lo nocivo que puede ser el esposo / novio / amasio, no lo dejan y le perdonan y queda impune, como muchos señores.
Hay historias de distintos niveles: desde las que me cuentan situaciones de violencia que viven sus comadras, que replican el círculo violento que es necesario conocer, hasta los casos graves de mujeres golpeadas.
Cuando se trata de una situación de violencia doméstica o de género permanente entre las parejas se crean ciclos que repiten, hasta que alguien rompe el círculo.
Según la página Shelter for help in emergency, así como la mayoría de l@s autores que hablan del tema, identifican en el ciclo de la violencia fases como:
De tensión: “…dura usualmente por un periodo de tiempo…Crece el estrés y se derrumba la comunicación. Los abusadores a menudo abusan verbalmente de sus parejas… Las víctimas sienten un peligro creciente”.
Generalmente esta es la fase en la que las amigas sirven de contención e incluso como garantes de que no les pase nada más, ya que los agresores saben que su víctima puede tener una red de apoyo. Y menciono a las amistades, porque a las mujeres que agreden les da pena ir a con sus familias en busca de ayuda.
La fase de crisis: “Este es un periodo explosivo e impredecible, que usualmente perdura entre 24 y 72 horas, lo cual puede resultar en lesiones serias e incluso la muerte…”. Los agresores pueden ser virulentos y crueles, incluso con su propia familia, ejerciendo violencia vicaria.
Aquí muchas han arriesgado su vida por sus amigas, al llevarlas a su casa, al proteger a la comadre con todo e hij@s.
Si no sucedió algo fatal y, por desgracia volvieron a estar juntos después de los golpes o agresiones, viene la fase de calma o de luna de miel: “Durante esta fase, el abusador puede mostrarse arrepentido, suplicante para su perdón, y promete que esto nunca volverá a suceder otra vez. La víctima quiere creer que esto es verdad”, y justo aquí es en donde toda la edificación para proteger a la amiga o comadre se viene abajo.
Después de batallar largo tiempo librando una agresión de un tipo que puede ser peligroso, la amiga maltratada vuelve con ese señor. Saben las amigas, la familia, la gente del trabajo y nadie se atreve a señalar las alertas rojas. Muchos feminicidios tienen esta misma narrativa como antecedente: un agresor al que no se pudo detener, pese a los esfuerzos de mucha gente.
Aunque reconozcamos los ciclos de la violencia, en muchas ocasiones no podemos orillar ni obligar a nadie a que no perdone a sus agresores, sus parejas, esposos, padres de sus hij@s. El ciclo lo tiene que romper la persona que es víctima de esta violencia y, aunque como amigas quieran ayudar, debe de ser algo que decida la persona violentada.
Actuar a tiempo ayuda mucho, pero tampoco sabemos, porque las víctimas se mantienen calladas para mantener el vínculo, para no separarse y para no preocupar a la familia. Es necesario aprender a detectar los signos de alarma y no dejar pasar ninguna agresión. También para eso están las amigas.
Les espero en mi canal de YouTube en Ivaginaria de Elia Martínez-Rodarte.
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