No puedo satanizar a las autoras y a los autores que insisten en utilizar sustantivos para hombre y para mujer en lugar del unisex; igual que a la mayoría, me incomoda leerlos y escucharlos, pero las redadas sociales y las tachaduras en la reputación lingüística y de género, se ganan hoy en día sin hacer mayores méritos.
El tema se ha llevado a foros internacionales, desde donde discuten lingüistas, profesores, sociólogos, sicólogos y usuarios del lenguaje, al fin y al cabo, los de mayor voz y voto en los usos y desusos de las palabras. Si los pusiéramos en barras, hay una peligrosa igualdad entre quienes opinan que usar solo el masculino para generalizar es una agresión deliberada; el resto aporta argumentos académicos que la otra mitad no escucha.
Del uso doble se ha pasado a la prevención. Pongo por ejemplo el texto que precede al índice en los nuevos programas educativos mexicanos; el párrafo dice: “En los materiales dirigidos a las educadoras, las maestras, los maestros, las madres y los padres de familia de educación preescolar, primaria y secundaria, la Secretaría de Educación Pública (SEP) emplea los términos: Niño(s), adolescente(s), jóven(es), alumno(s), educando(s), aprendiz(ces), educadora(s), maestro(s), profesor(es), docente(s) y padres de familia aludiendo a ambos géneros, con la finalidad de facilitar la lectura. Sin embargo, este criterio editorial no demerita los compromisos que la SEP asume en cada una de las acciones encaminadas a consolidar la equidad de género”.
Como el miedo no anda en burro, y previendo una encarnizada protesta de fundamentalistas, más adelante, al interior del documento, se escribe decenas de ocasiones lo siguiente: “las niñas, niños y jóvenes”. Así, además de la incongruencia con el artículo, que sólo corresponde al primer sustantivo, se contradice con la aseveración inicial, y deja fuera a “los” jóvenes, porque solo los refiere en femenino.
A todos los mexicanos –excepto al Secretario de Educación- se nos da fácil la crítica en contra de los documentos oficiales, pero en esta ocasión entiendo la razón del párrafo preventivo y el error en el extenso. Responde a los millones de mexicanos que asumen discriminación y maltrato si no se usa el femenino en una frase, pero al mismo tiempo no tienen suficientes elementos para explicar cómo, exactamente, usar ambos géneros nos asegura la equidad tan discutida.
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