La música tropical en Saltillo
Nací al inicio de la Segunda Guerra Mundial, en la década de 40, aunque fui arrullado con canciones de Agustín Lara, Gonzalo Curiel, Guty Cárdenas y otros trovadores de moda en la adolescencia de mis padres, llegué a la juventud con otro tipo de música.
No eran Los Beatles, ni los roqueros mexicanos, sino la música tropical la que a mí a muchos de mi generación nos entusiasmaba y nos hacía bailar. La onda tropical cubana aún nos envolvía.
Recuerdo a nivel nacional desde luego a la Sonora Matancera, o a la muy mexicana Sonora Santanera de Carlos Colorado, pero había un grupo especie de conjunto o son tropical que me llamaba mucho la atención, Lobo y Melón, eran los artífices del “jícamo”, aquel fraseo que trajeron los isleños caribeños para adornar las melodías: “¡guaparará!”, por ejemplo, o “turerará”, “guapachá”, etc., integrado especialmente por dos cantantes mexicanos, piano y ritmos, Adrián Navarro, “Lobo”, y Luis Ángel Silva, “Melón”. Lo mismo interpretaban guarachas, guajiras, chachás, que canciones románticas, una de ellas era todo un poema, Niebla de Riachuelo: “Sombras que se alargan en la noche del dolor, náufragos del mundo que han perdido la ilusión”, es sólo una partecita de la bella canción.
Y eso me hizo recordar al son tropical formado por aquellos jóvenes de mi barrio El Ojo de Agua que me antecedieron, el son Guanábana, integrado por Pablo Gámez; “El Pirata”, José Gaytán “El Títere”, “El Alacrán”, “El Grillo”, “El Huachinango”, cuyos nombres no recuerdo, etc., actuaban como otro son tropical muy saltillense, El Bahía, en los programas dominicales tanto de la XEKS como de la XEDE.
Por ese tiempo surgió a la palestra musical local, nacional e internacional la única sonora nuestra que traspasó las fronteras de México, El Son Yumurí, dirigido por el ibérico Daniel Revuelta Alcaraz, que llegó con aquellos niños y jóvenes españoles refugiados y acogidos por el Gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, cuando la guerra española contra el dictador Francisco Franco, llamados Los Niños de Morelia, porque primero llegaron a la capital michoacana y luego se dispersaron por el territorio nacional. Los Revuelta, Daniel y Elvira, con su mamá llegaron a Saltillo para quedarse. Elvira casó con un gran locutor nuestro, Alfonso Flores Aguirre, y procrearon a un grupo de inteligentes y acuciosos hijos.
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