Mientras unos festejan, otros claman por medicamentos para sus hijos. Alegría en una parte; dolor, frustración e incertidumbre por la otra.
Nunca, que yo recuerde, quien obtuviera el triunfo en las elecciones tenía que estar proclamando año con año el haber ganado. Se ponía a gobernar porque para eso fue electo, es decir, se ponía a trabajar porque para eso se le eligió.
Estamos conscientes que gobernar no es fácil porque hay que enfrentar muchos retos, mismos que habrán de sortearse con inteligencia, cooperación y mucho amor al país y a su gente.
Quien gobierne debe entender perfectamente que lo va a hacer para todos, no solo para quienes votaron por él. Se debe ver por el bienestar de todos los ciudadanos, no solo para un sector de la población.
La Presidencia de la República es un cargo que debe ser considerado como un honor que se le confiere a quien habrá de dirigir el destino de una Nación, en nuestro caso, el de nuestro amado país: México.
Debe quedar muy claro que, el Presidente de la República, debe mostrar y demostrar su liderazgo para ejercer el cargo que le fue conferido. Desde el momento de asumir la presidencia debe dejar atrás enconos, diferencias -que las habrá, pero con voluntad se podrán resolver- y todo aquello que signifique un daño a México.
Un buen gobernante no tiene porque insultar, denostar, evidenciar a otros que no pertenecen a su grupo político o no comparten su ideología, por una sencilla razón: es presidente de un país, o sea nuestro México y no de un partido político, así lo haya llevado al poder.
¿A que se debió el festejo del primero de julio? ¿Realmente lo ameritaba? ¡Qué manera de perder el tiempo! Y no solo el tiempo, sino los recursos cuando hay tantos problemas que resolver. Problemas que nos lastiman a la gran mayoría por no decir que a todos en el país y que exigen solución.
Gobernar no es engañar, mentir un día sí y otro también para hacer que creer que “todo está bien” cuando la realidad es otra.
Gobernar no es denostar al adversario y exhibir corruptelas y supuestos desvíos de recursos cuando no se demuestra con hechos y evidencias las acusaciones. Menos aún si por otro lado se observa el derroche, la corrupción, el robo descarado y enriquecimiento de quienes son protegidos -familiares y amigos de quien hoy gobierna-.
Gobernar no es pretender desaparecer un instituto ciudadano encargado de los procesos electorales, a base de mentiras y difamaciones, para construir otro a modo con fines absurdos como es el imponer sus criterios.
En una elección, se gana o se pierde. Ésa es la verdadera democracia, cuando el pueblo elige libremente no con imposiciones, no con dádivas mucho menos con amenazas de grupos delincuenciales para beneficiar a determinado candidato o grupo político.
La democracia no puede ni debe estar amenazada ni se le debe poner en riesgo para satisfacer el capricho o la voluntad de un gobernante.
Gobernar es respetar las instituciones, no pretender desaparecerlas sólo porque fueron construidas en otros periodos. No todo en el pasado fue malo, hay que tenerlo muy en cuenta porque al parecer se ha olvidado.
Y lo han olvidado quienes provienen de un grupo político al que hoy traicionan con sus dichos, con sus acciones pretendiendo redimirse ante un electorado.
Nadie cambia de la noche a la mañana, menos un político hambriento de poder más no de justicia.
Las mañaneras del presidente se han convertido en una plataforma para ofender a sus adversarios, a sus críticos, a conductores y periodistas con trayectoria y a todos los que no piensan como él. En su mente enferma de poder es capaz de mentir una y otra vez para que se consideren como verdad, sus afirmaciones. Prefiere la lambisconería en vez de la crítica constructiva.
Todo lo que hace, dice y resalta en sus mañaneras no son más que distractores. La comunicación no es su fuerte, la agresión sí.
Más allá de lo que pretenda hacer y decir, está una dura, una cruel realidad y esa nadie la puede ignorar.
La falta de atención a los niños y personas con cáncer es real, como lo es el fallecimiento de quienes por falta de tratamientos perdieron la batalla.
Los mexicanos no necesitamos de celebraciones absurdas y derroche de recursos. Lo que urge es que gobierne quien fue electo para el cargo y no que ande creando divisiones al fomentar odios.
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