La nota mundial fue la captura de Nicolás Maduro por el ejército de los Estados Unidos, este suceso puede ser el inicio de una mayor incertidumbre global. Porque no estamos ante una transición democrática convencional, cuando dice Donald Trump en conferencia de prensa que “Estados Unidos administrará el país” hasta que una transición adecuada pueda ser manejada, suena más a “colonia temporal”.
Esta intervención, nos lleva a recordar el caso de 1989 cuando EUA invade Panamá para capturar a su presidente el general Manuel Antonio Noriega, quien había sido igual acusado de narcotráfico. En ese tiempo gobernaba Bush padre, de ahí los Estados Unidos desmantelaron el grupo armado de Noriega y apoyaron al principal opositor a que tome el poder.
El otro caso similar fue la guerra de Irak en el 2003, cuando capturan a su presidente Saddam Hussein acusado de genocidio en su propio país, y recordemos la invasión a Kuwait, y unas supuestas armas de destrucción masiva. Posterior Estados Unidos mantuvo a su ejército en Irak, desmantelaron al ejército de Hussein; el detalle aquí es que especialistas sostienen que eso llevó a la creación de grupos terroristas como Al-Qaeda e Isis.
Hoy la historia se repite con Venezuela donde detienen a su presidente Nicolás Maduro, acusado de narcotráfico y Estados Unidos tendrá que analizar si deja que la oposición tome el poder, pensaríamos que a quien tienen en la mira es la actual líder opositora María Corina Machado, quien fue Nobel de la Paz, pero Trump acaba de decir que no le convence. Ella misma propuso que sea el excandidato presidencial Edmundo González Urrutia, quien perdió contra Maduro en la última elección fraudulenta del 2024. Otra figura que pudiera resurgir es el del excandidato presidencial de oposición Juan Guaidó.
Lo que sí hay que decir, es que tanto Noriega, Saddam y Maduro comparten rasgos innegables: Gobernaron con mano de hierro, fueron opresores y llevaron a sus naciones a desastres sociales. Dos eran generales; el otro, un civil con herencia militar chavista. Los tres perdieron el apoyo popular, menos por los que se veían beneficiados de sus gobiernos. La realidad es que “cuando un pueblo quiere a un gobernante, lo defiende”. Esa defensa popular no se vio en las calles esta madrugada.
Por otro lado, la postura de la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, fue de rechazo a la invasión y advierte que la intervención militar en Venezuela pone en riesgo la paz en América Latina y que la ONU debe intervenir. Por su parte el presidente de Chile, Gabriel Boric, rechazó el uso de la fuerza militar porque sienta un precedente extremadamente peligroso para la soberanía de todas las naciones, especialmente las de menor poder.
A mi parecer esas posturas son las correctas. Desde luego no podemos ignorar la tiranía de Maduro, pero dejar que a otras naciones no les pase nada cuando una potencia los invada, es abrir el camino a que, a cualquier otro país sin poder militar, pueda ser vulnerado.
Trump no sólo busca la justicia en Nueva York, sino el control directo de los recursos energéticos, prometiendo abrir las reservas de petróleo a empresas estadounidenses para “hacer dinero” -así lo dijo- para con eso reconstruir la infraestructura.
El tiempo dirá si el derrocamiento de Maduro y la intervención norteamericana será positivo para el venezolano de a pie, lo que sí sabemos es que el costo de restauración será alto en petróleo, aunque la situación económica del país ya era insostenible, al ser Venezuela uno de los países con un mayor éxodo poblacional de los últimos años, “millones huían del régimen Maduro” – ¿porque sería? – algo no estaba bien.
El colapso económico es evidente, según la ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados) y la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) se estima que entre 2015 y 2025 (10 años), 8 millones de venezolanos emigraron por falta de alimento, falta de luz, agua potable, alta inflación, y otros por persecución política y falta de oportunidades. Eso es un cuarto de su población.
Derrocar tiranos trae consecuencias positivas, pero también costos. Esperemos que esta vez, a diferencia de Irak o Panamá, la reconstrucción no se limite a “hacer dinero”, sino a devolverle realmente la voz a un pueblo rico en cultura, que lleva tiempo sufriendo, cuando son ricos en petróleo.
Venezuela sí necesitaba otro aire, ayuda del extranjero e inversión, lo que sigue es que su pueblo nunca pierda el derecho a decidir su propio destino.
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