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Deirdre, la liberal

Por Sergio Sarmiento

Hace 5 años

“Y nosotros los liberales clásicos, y modernos, hemos acumulado pruebas masivas de que las políticas de la izquierda y la derecha no permiten que los pobres prosperen”.  Deirdre McCloskey

Está de moda cuestionar el liberalismo, la doctrina que defiende la libertad económica, política y personal. En 2018 Patrick J. Deneen de la Universidad de Notre Dame publicó ¿Por qué ha fracasado el liberalismo? (Ediciones Rialp en español) donde afirma que la expansión de la libertad “genera en la práctica una desigualdad titánica, impone uniformidad y homogeneidad, promueve la degradación material y espiritual, y socava la libertad”. Thomas Piketty, el economista francés autor de El capital del siglo 21, advierte también sobre un supuesto incremento de la desigualdad. Ha descrito cómo pasó de ser un joven entusiasta del liberalismo a fines de los 80, cuando se desplomaban las dictaduras comunistas, para exclamar hoy “¡Viva el socialismo!”. Muchos políticos son peores: se dicen “liberales” mientras impulsan medidas para acabar con las libertades individuales.

Por eso es tan refrescante la entusiasta defensa del liberalismo de Deirdre McCloskey, doctora en Economía por Harvard, maestra de la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago de 1968 a 1975 y hoy “profesora emérita distinguida” en Economía e Historia de la Universidad de Illinois en Chicago. En su libro de 2019 ¿Por qué el liberalismo funciona? (Deusto en español) argumenta: “El muy vilipendiado ‘capitalismo’ ha elevado el ingreso real por persona de los más pobres desde 1800 no en 10% o 100%, sino en más de 3 mil por ciento. Es el más importante, pero siempre subestimado, hecho del mundo moderno”. McCloskey llama “el Gran Enriquecimiento” a este proceso inédito en la historia de la humanidad.

A McCloskey no le gusta el término “capitalismo”, una invención de los marxistas que consideran que la “acumulación de capital” dio origen a una sociedad cada vez más desigual. McCloseky rechaza la idea y señala que el Gran Enriquecimiento nos ha hecho más ricos a todos, especialmente a los pobres. “El ‘capitalismo’ es un error científico comprendido en una sola palabra, una acuñación engañosa de nuestros enemigos, y todavía usada por los tristemente engañados entre nuestros amigos”. La mejor palabra para describir el factor de la economía liberal que permitió el Gran Enriquecimiento es innovism, que puede traducirse como “innovacionismo”.

En una enciclopédica trilogía sobre “la era de la burguesía” McCloskey ha defendido las tan vituperadas “virtudes burguesas”. Mientras que Gustave Flaubert llamaba “burgués a quienquiera que piense con bajeza”, McCloskey comenta: “Desde la novela Madame Bovary hasta la película Wall Street, la moda ha sido promover un odio a la burguesía”. Pero son las virtudes burguesas, como la tolerancia y la libertad, las que han permitido las innovaciones que han llevado al Gran Enriquecimiento.

El liberalismo, dice, ha liberado a las mujeres y a los homosexuales, porque el liberalismo rechaza las jerarquías. Muchas de las medidas que promueve la izquierda, como el sueldo mínimo, buscan “dañar a los pobres y a las mujeres” porque excluyen del mercado laboral a los jóvenes o a quienes tienen menor preparación. Más que un sueldo mínimo, McCloskey defiende un “ingreso mínimo”, como Milton Friedman.

Para McCloskey la discusión sobre el liberalismo tiene gran relevancia personal. Nació hombre, con el nombre de Donald, se casó a los 22 y tuvo hijos. En 1995, a los 53, se convirtió en mujer, experiencia que ha narrado en Crossing. Solo una sociedad liberal le habría permitido este acto de libertad.

 

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México ya debería tener un sistema de salud como el de Dinamarca, pero en lugar de eso se ha desmoronado el sistema de salud pública. A los usuarios solo han llegado 6.8% de los medicamentos que necesitan.

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