Vivimos en una sociedad totalmente líquida y globalizada, que se mueve rápidamente en espacios virtuales que no alcanzamos a comprender totalmente. La realidad ha cambiado rápidamente en los últimos años. Muchos le echarán la culpa a la pandemia; sin embargo, el coronavirus no hizo otra cosa que acelerar un proceso que realmente ya había empezado desde hace tiempo.
Cuando cumplí 18 años (no voy a decir en que año fue), mis papás me regalaron mi primer teléfono celular. Era un Alcatel Onetouch Easy. Sus funcionalidades eran muy limitadas (si las miramos con los ojos de hoy). Se podían hacer llamadas y recibir y enviar mensajes de texto. No tenía cámara (no se podían tomar fotos ni videos). Y tenía muy poca memoria: recuerdo que la memoria alcanzaba solo para poder guardar 10 mensajes. También, los costos para hacer llamadas y mensajes eran bastante altos.
Sin embargo, para ese entonces, estas funcionalidades, que hoy vemos tan limitadas, eran una gran conquista y una revolución en los fenómenos comunicativos.
Han pasado poco más de 20 años y Apple acaba de lanzar el nuevo modelo de teléfono celular: el IPhone13Pro. Sus características son prácticamente infinitas. Tiene una cámara fotográfica profesional, una capacidad de memoria muy amplia, un procesador como el de una computadora profesional, miles de aplicaciones que nos permiten organizar nuestras vidas cotidianas (desde el despertador, pasando por la agenda, comprar prácticamente cualquier cosa, hacer cualquier trámite, entre muchos otros) y resuelven, casi, todos nuestros problemas. Además, podemos llamar y mandar mensajes.
Esta revolución tecnológica afectó, no solo el mundo de la telefonía celular, sino muchas áreas de nuestras vidas. Seguramente afectó también el derecho, su fisionomía, contenido y estructura y, por ende, también su enseñanza y aprendizaje.
El derecho del siglo XXI no es el mismo que el de hace 20 años y el jurista del día de hoy ya no puede ser un jurista Alcatel Onetouch Easy. El derecho del día de hoy es un derecho complejo, que se compone de distintos niveles y capas. Este derecho incluye el orden jurídico internacional, regional, nacional, local y, además, los derechos culturales, tradiciones y costumbres, que necesitan de un enfoque inter y multidisciplinario, que involucre un profundo análisis del contexto político, social, cultural, económico, etc. El jurista del siglo XXI ya no se puede limitar a hacer llamadas y enviar y recibir pocos mensajes (que en términos jurídicos se traduciría en limitarse a aprenderse de memoria códigos y leyes en un contexto totalmente individualizado y aislado). El jurista del día de hoy tiene que ser un jurista Iphone13Pro.
El jurista Iphone13Pro es un jurista permanentemente conectado. Y no me refiero a la conectividad en redes sociales. No podemos litigar o hacer justicia en redes y menos aún enseñar derecho. Más bien se trata de una conexión necesaria y fundamental para resolver la complejidad de los problemas jurídicos contemporáneos. Su actividad –sea como abogado litigante, notario, juez, funcionario o académico– tiene que tomar en consideración múltiples elementos (como las distintas apps que tenemos a nuestra disposición), para resolver la complejidad de aquellos problemas. El jurista Iphone13Pro tiene que estar permanentemente conectado con la realidad jurídica en la que vive, que no es representada solamente por una ley o un código, sino que es el reflejo de un contexto cultural y social profundamente complejo que necesita una mayor y más eficiente sofisticación.
Los problemas del futuro requerirán de profesionistas altamente calificados, preparadas y preparados para enfrentar, con una perspectiva actualizada, los cada vez más complejos retos a los que la humanidad se enfrentará en los años venideros. Sobre cómo se enfrenten estos retos dependerá, en muy buena medida, el futuro de nuestras sociedades. Es así como en la Academia IDH se piensa formar a juristas a la altura que estas nuevas épocas demandan, juristas smart…
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